Este año se conmemora el 100 aniversario del Renacimiento de Harlem, un movimiento afroamericano que floreció durante la década de 1920 y supuso un boom social, cultural y artístico, con influencias en la literatura, la pintura, la música (principalmente blues y jazz) y, sobre todo, la recuperación de la identidad negra y su incorporación a la vida social norteamericana.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-18) se originó un movimiento de masas llamado la Gran migración negra, un éxodo de más de 6 millones de personas que emigraron desde el “profundo sur”, huyendo de la opresión y de las leyes de segregación de Jim Crow, hasta ciudades del norte, como Nueva York, Chicago, Detroit, Cincinnati, Pittsburg o Filadelfia, y estableciéndose mayoritariamente en el Upper West Side de la isla de Manhattan, en Harlem (Nueva York). La influencia de este movimiento se extendió incluso fuera de las fronteras norteamericanas, llegando hasta Cuba, Puerto Rico, Haití y Jamaica. Tal fue la migración que Nueva York fue considerada la capital negra de Estados Unidos.

En las primeras décadas del s siglo XX, Harlem se convirtió en el hogar del Nuevo Movimiento Negro (‘New Negro Movement) que fue mayormente conocido como el Renacimiento de Harlem, impulsado por artistas e intelectuales como fueron el activista, sociólogo, historiador, escritor y uno de los fundadores de la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, según sus siglas en inglés) W.E.B Du Bois: el escritor, filósofo y profesor de la Universidad de Howard Alain Locke, y la editora, poeta, ensayista y novelista Jessie Fauset

El Renacimiento de Harlem

Todos ellos y otros escritores, sobre todo poetas, artistas, músicos e intelectuales afroamericanos se sintieron atraídos por el barrio de Harlem para desarrollar nuevas formas de expresar el orgullo por su raza y celebrar su herencia cultural. El escritor afroamericano Wallace Henry Thurman, definió, irónicamente, a este grupo de personas como “niggerati” una conjunción de las palabras “nigger” y “literati”, término que también acuñó la antropóloga y escritora y una de las figuras más importantes del Renacimiento de Harlem, Zora Neale Hurston.

En literatura destacaron figuras emblemáticas como los ya nombrados W.E.B Du Bois (quien además fue el editor de la revista “The Crisis”, cuyo objetivo era enseñar y educar dando a visibilidad a nuevos talentos intelectuales dentro de la comunidad negra) Alain Locke, Jessie Fauset, Langston Hughes, pionero de la poesía jazz, Claude Mckay, el novelista que firmó una de las obras más brillantes del movimiento “Home to Harlem” (1928) o las escritoras Regina Anderson, Effie Lee Newsome o Hallie Quinn Brown, entre otros. En las artes plásticas podemos resaltar a artistas como Ernie Barnes, Archibald Motley, Charles Alston, Augusta Savage, Aaron Douglas, Jacob Lawrence, Horace Pippin o Selma Burke.

El Renacimiento de Harlem surgió cuando la era del jazz ya estaba en marcha. Este periodo se caracterizó por la creciente popularidad y proliferación de este tipo de música. Al igual que el ragtime y blues, sus géneros predecesores, el jazz fue inventado por músicos negros, lo que lo convierte en una parte intrínseca del movimiento. Louis Armstrong, Cab Colloway Duke Ellington, George Murphy “Pops”Foster, Billie Holiday, Ella Fiztgerald, Bessie Smith o Josephine Baker, todos ellos actuaron en los mejores clubs de Harlem: Cotton Club, Teatro Apollo o el Savoy, siendo, precisamente, éstos locales segregados, hecho que recalcó el escritor blanco Carl Van Vechten, en su libro “Nigger Heaven”, lo que incendió aún más la situación, pero también sirvió de estímulo y desafío para aquellos intelectuales y artistas negros que ansiaban recuperar su integridad e identidad. Sin olvidarnos de aquellos que eran notablemente cultos, que gozaban de un buen nivel de vida y se codeaban con las élites: el mencionado W.E.B Du Bois, Marcus Garvey, Cyril Briggs, Aleila Walker, Charles Spurgeon Johnson o Arthur Schomburg

A pesar de que su declive se produjo a finales de la década de los años 30, el movimiento del Renacimiento de Harlem es considerado como un boom en el que los afroamericanos contribuyeron a la mejor cultura norteamericana, principalmente neoyorquina. Lo hicieron de manera significativa y sentaron los cimientos de lo que es ahora la ciudad de Nueva York, una metrópolis, un mundo de contrastes y hogar de diferentes y diversas culturas.

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