Aunque la Historia de la música está llena de genios y grandes compositores, es posiblemente Ludwig van Beethoven el considerado por crítica y público como el más importante de todos los tiempos, honor que, cuando la competencia se mide con autores como  Bach, Haendel, Mozart, Haydn, Vivaldi, Tchaikovsky y tantos grandes compositores clásicos, cobra aún mayor relieve.

Ludwig van Beethoven nace en Bonn, Alemania, el 16 de Diciembre de 1770 y, además de compositor, fue un gran pianista y director de orquesta. Su legado musical abarca desde el clasicismo al romanticismo y sus grandes sinfonías han perdurado hasta nuestros días y han influido en la evolución posterior de toda la música.

Su obra fue intensa y extensa. Aunque sus sinfonías, especialmente la novena (parte de la cual, el Himno a la Alegría, es el himno oficial de la Unión Europea)  y la quinta y la sexta son dos inmensas obras maestras. Todo su repertorio puede considerarse magistral.

Su producción incluye los géneros pianístico (treinta y dos sonatas para piano), de cámara (incluyendo numerosas obras para conjuntos instrumentales de entre ocho y dos miembros), concertante (conciertos para piano, para violín y triple), sacra (dos misas y un oratorio), la ópera Fidelio, un ballet y música para obras teatrales y orquesta en la que ocupan lugar preponderante Nueve sinfonías.

El padre de Beethoven estaba impresionado por el hecho de  que Mozart diera conciertos a los siete años y quería que su hijo siguiera sus pasos. El 26 de marzo de 1778, cuando tenía siete años, Beethoven realizó su primera actuación en público, en Colonia. En 1782, cuando contaba con once años publicó su primera composición, titulada Nueve variaciones sobre una marcha de Ernst Christoph.

En 1792 el príncipe elector de Bonn le financió viajar a Viena, donde permaneció el resto de su vida componiendo, tratando de alcanzar reconocimiento  y sufriendo un mal particularmente terrible para un músico: la sordera.

La corte, la nobleza y la Iglesia vienesas acogieron con entusiasmo la música de Beethoven y se convirtieron en sus mecenas y protectores. Su música inicial, fresca y ligera, cambió para convertirse en épica y turbulenta, acorde con los tiempos revolucionarios que vivía Europa. Eran años en que las potencias monárquicas europeas se habían aliado buscando derrotar a la Francia revolucionaria de Napoleón.

Muy pronto, Beethoven dejó de necesitar los conciertos y recitales para sobrevivir. Los editores se disputaban sus obras; además, la aristocracia austriaca, avergonzada por la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart prácticamente en la miseria, le asignó una pensión anual.

Debido a la pérdida de sus capacidades auditivas, se entregó a una febril actividad creadora, y, a la vez, sufrió penalidades personales producidas por desengaños amorosos. No llegó a casarse nunca, pero se le atribuyen varios romances, sobre todo con damas de la nobleza.

Su pensión lo convirtió en el primer artista y compositor independiente de la Historia, ya que anteriormente los músicos y compositores eran servidores de la aristocracia, formando parte de su personal doméstico. Las condiciones del acuerdo al que llegó Beethoven con sus benefactores daban libertad al compositor de componer lo que él quisiera y cuando él quisiera.

Su libertad e independencia, además de su sordera, hicieron de Beethoven un hombre hosco y problemático, poco amigo de lisonjas y halagos, característica que tuvo hasta el final de sus días. En su lecho de muerte dijo estas palabras: “Aplaudid, amigos, comedia finita est” (… la comedia ha terminado). A pesar de su escasa sociabilidad, a sus funerales acudieron más de 20.000 personas.

Hoy día, la música de Beethoven sigue siendo la más interpretada en audiciones y conciertos. Y ha sido utilizada en más de doscientas películas y obras en televisión.