Casi un continente con un increíble contenido.

Aunque incluya la maravillosa isla de Tasmania y su capital, Hobart, entre sus fronteras, Australia es, prácticamente, un continente. Es cierto que otras formaciones insulares del Océano Pacífico conforman también Oceanía (Nueva Zelanda, Fidji, Nueva Caledonia, etc.) pero Australia es la base que todo lo llena. Y lo llena de un modo único, variado y espectacular. De todos mis descubrimientos después de haber recorrido el mundo, ningún país me ha impactado, por sus diferencias, tanto como Australia.Es increíble la diversidad que ofrece esta inmensa masa de tierra, tan cerca de la Antártida y aparentemente tan lejos de todo. Pero Australia es una sorpresa continua. Aunque la zona con la mayoría de población está en la amplia franja costera que va de este a oeste, pasando por un sur, Nueva Gales del Sur, asombroso (en ese espacio se encuentra, precisamente, la idílica y a la vez todavía salvaje en algunas zonas, isla de Tasmania, con tantas evocaciones literarias) y con grandes ciudades como Melbourne, una extraordinaria metrópoli, en Australia encontramos toda la variedad de paisajes y lugares que puede ofrecer el planeta. Desde el Gran Desierto, con la formación rocosa más espectacular del mundo, Ayers Rock, en su centro, el centro, además, geográfico del país, a maravillosas y frondosas cordilleras como las Blue Mountains, y playas increíbles (todas lo son, tan especiales, diferentes) a formaciones marinas de una belleza única al sur de Adelaida y, sobre todo, la Gran Barrera de Coral, que va desde Brisbane hasta el Noreste y que es la formación coralina más extensa e importante del mundo. Y luego hasta ultra  modernas, con la arquitectura más bella y avanzada y que son un destino inolvidable para el viajero, como es Sidney (con el edificio más conocido por su diseño, la Ópera House), la ya citada Melbourne, la preciosa ciudad de Brisbane, la gran urbe comercial de Perth y la colonial e inolvidable Adelaida, con poco más de un millón de habitantes peroque es una de las ciudades más bonitas, ecológicas y entrañables del mundo. Ciudades asombrosas, cada una de ellas con sus peculiaridades y su historia, relativamente breve pero intensa, localizadas al lado del mar y que son centro de vida, cultura y arte  y, al mismo tiempo, los grandes motores económicos de Australia.

El turismo es una gran fuente de ingresos en todo el país, por esa mezcla de modernidad y exotismo, pero también existe una gran economía agrícola y ganadera (vinos en la zona de Adelaida y explotaciones ovinas y de todo tipo de ganado en las zonas rurales) así como una importante y única fauna salvaje pero pacífica ( canguros, koalas…) que viven en impresionantes parques naturales a lo largo y ancho de todo el país. La minería también es una gran fuente de riqueza y es muy interesante visitar, a pesar de la distancia a la que se encuentra de la zona más poblada, el norte minero, donde aún podemos ver minas en explotación y también parajes, abandonados pero cuidados, para el viajero que quiere conocer todos los aspectos del continente australiano. Mención especial hay que hacer a otros elementos turísticos como Surfers Paradise, en lo que se denomina Gold Coast, entre Sidney y Brisbane, que es un lugar paradisíaco para los amantes de los deportes acuáticos, con una gran infraestructura hotelera y atracciones marítimas para todos los públicos.

Australia es grande, tan grande que solo el avión puede unir de forma rápida a sus habitantes hoy día, pues los mayores núcleos urbanos, no están cerca unos de otros. Sin embargo, cuando la has visitado, te quedas con el concepto de unidad y variedad de sus tierras, sus ciudades, sus increíbles paisajes. Y también de sus gentes. Amables y hospitalarias, con una curiosa mezcla de orígenes pues, aunque gran parte de la población descienda de británicos, otra gran parte son descendientes de griegos, italianos e incluso españoles. La primitiva población autóctona es una minoría, aunque sus últimas reivindicaciones han hecho que la antigua discriminación colonial haya desaparecido. Merece la pena visitar Australia, la que fue la última gran tierra por descubrir por parte de Occidente. Porque, con tiempo suficiente para viajar a las inmensas posibilidades que ofrece, será una visita que se quedará para siempre en la memoria.

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