Durante los ocho años de presidencia al frente de Estados Unidos, Barack Obama demostró un carisma y liderazgo del que pocos presidentes en el mundo gozan. Su mandato fue verdaderamente histórico por lo que significa ser el primer presidente afroamericano en un país con una historia limitante en lo que a la comunidad negra se refiere y, segundo, también por ser un mandato brillante.

Nace en Honolulu (Hawaii, EE.UU) el 4 de agosto de 1961. De padre keniano y madre de Kansas, vive su infancia junto a su abuelo, veterano de la armada de Patton, y su abuela, una mujer ejemplo de cómo el esfuerzo da sus frutos, puesto que comienza siendo secretaria en un banco, para después ser ascendida hasta la gerencia media del mismo.

Por ello es evidente de dónde hereda Barack Obama su ímpetu y cultura del esfuerzo, que partió de recibir becas por excelencia académica y trabajar y estudiar a la vez para ahorrar y lograr un gran objetivo como es el de matricularse en la universidad, lo que significa un auténtico reto para una persona de la clase media americana. Finalmente, tras dos años cursando estudios en el Occidental College, se traslada a Nueva York para estudiar Ciencias políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de Columbia. Tras una temporada en Chicago, donde trabaja con asociaciones eclesiásticas para ayudar a comunidades afectadas por el cierre de plantas de acero locales, consigue una plaza en la Escuela de Derecho de Harvard.  Aquellos valores  y su constancia estaban dando sus frutos y su primer nombramiento histórico fue en la mejor universidad del país, al convertirse en el primer presidente afroamericano de la Harvard Law Review.

Tras graduarse en 1991, Obama regresa a Chicago donde  ayuda a liderar una campaña de registro de votantes y da clases de Derecho Constitucional en la Universidad de Chicago durante doce años. A su vez, emprende su etapa en el ámbito político como senador en Illinois en 1997, cargo por el que será reelegido dos años después  hasta que en 2004 gana las elecciones para acceder al Senado de Estados Unidos.

Cuatro años más tarde, emprende la campaña electoral para la Presidencia por el Partido Demócrata y tras los comicios, el 4 de noviembre de 2008, se convierte en el primer presidente afroamericano en la historia de los Estados Unidos, con 365 votos frente a los 173 del candidato republicano McCain. Un mandato marcado por la mayor crisis económica sufrida desde la Gran Depresión, los conflictos con grupos terroristas y las crisis de Iraq y Afganistán; y al mismo tiempo, recordado por alcanzar el mayor logro legistlativo de la historia con la mejora del sistema sanitario (Obamacare), un exitoso rescate económino que consigue impulsar la industria, el reestablecimiento de las relaciones de diplomacia con Cuba (Cuban Thaw), acabar con el grupo Al Qaeda y tomar partido en la lucha contra el cambio climático. Su mandato se prolonga hasta 2014, tras ser reelegido en las elecciones de 2012.

En 2009 recibe el Premio Nobel de la Paz, pasando a ser el tercer presidente de los Estados Unidos que recibía dicho galardón. En palabras del líder del Comité de Nobel Thorbjørn Jagland  se le otorga «por sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos» y «una visión de un mundo sin armas nucleares».

Durante toda su carrera política recibirá el apoyo incondicional de su esposa, Michelle Obama, una atípica primera dama y talentosa abogada,  con gran capacidad para la oratoria y un excelente sentido del humor. Una mujer espontánea, sencilla y afectuosa, gracias a la cual su marido se mantendrá siempre con los pies en la tierra. La conoció en el bufete de abogados en el que ambos trabajaron. Así comenzó una idílica historia de amor que perdura hasta hoy junto a sus dos hijas Malia Ann y Natasha.

Barack Obama es un modelo de excelencia. Su enorme magnetismo, su oratoria, su increible capacidad comunicativa y su cercanía cautivan a la población estadounidense y al mundo entero. No cabe duda de que las circunstancias fueron propicias para ilusionar con un nuevo cambio, pero no era condición suficiente para alcanzarlo. Su impacto y su extraordinario legado radicó en la fuerza esperanzadora de su discurso y en su visionaria forma de entender la política lo que le convierte en un líder hecho a sí mismo y un personaje carismático.