Colores que inundan de buena energía calles, fachadas de edificios, interiores o mobiliario urbano en distintos lugares del mundo. La responsable de esto es Camille Walala, una artista muy atrevida que juega con las formas geométricas, los estampados y efectos ópticos con el objetivo de dotar a aquello que nos rodea de un aire mucho más fresco y divertido, sin miedo al poder del color.

Nace en Francia, aunque decide trasladarse a Londres para estudiar Literatura y más tarde ingresa en la Universidad de Brighton dónde comienza a formarse en diseño textil. En 2009 establece su propio estudio en Londres. La atracción por el mundo decó afloró durante su adolescencia, influida por los colores cálidos y mediterráneos además de los patrones africanos que caracterizaban el gusto decorativo de su madre, así como los diseños del Grupo Memphis, que adornaban el hogar de su padre.

Foto: Hotel Salt Palm en Islas Mauricio/ Alamy

De ahí, su inspiración en los patrones y el uso del color o la iconografía y el arte decorativo que cubre las fachadas de las casas de la tribu Ndebele o los efectos ópticos de Victor Vasarely. También se ha visto influida en la composición de las formas por el movimiento Bauhaus y en especial por el artista Josef Albers.

Camille Walala nombra el estilo que la identifica como Tribal pop. Se trata de un estilo arriesgado que apuesta fundamentalmente por el color y la sencillez de las formas, pues la artista considera que la energía y las emociones que genera a través de sus obras se consigue gracias al poder que contienen los colores y a la combinación de patrones.

Walala x Play / Alamy

Adapta la decoración que mejor se ajusta a los espacios, adora la arquitectura imponente y desafiante, ya que puede jugar con los volúmenes y sus restricciones. Y tiene en cuenta cada detalle a la hora de crear sus obras: ya sean ángulos, ventanas… combinando, además, distintas formas geométricas superponiéndolas o intercalándolas para crear sensaciones pluridimensionales.

Una de sus obras más llamativas es la reinvención de la fachada de un edificio de siete pisos en Brooklyn. Se trata de uno de los proyectos más grandes que ha realizado y se caracteriza por el efecto dimensional que generan las formas geométricas y que mimetizan las ventanas haciendo que éstas formen parte de la obra. Resalta la arquitectura del edificio por medio de la combinación de colores primarios: el rosa del atardecer o tonos más oscuros característicos de la urbe, todo ello enmarcado en un azul que se funde con el fondo del cielo.

Foto: Industry city/ Alamy

También realizó una escultura hinchable que, desde luego, no deja indiferente al que la observa. Se trata de una creación totalmente inesperada por el enclave dónde se encuentra ubicada. Una explosión de color que rememora la infancia y dota de alegría y diversiòn una calle de Londres. Los transeúntes son invitados a caminar a través de uno de sus cuatro arcos y tocar sus gigantescas formas suaves. Cuatro estructuras inflables parecidas a tótems marcan las esquinas de la plaza.

Por otro lado hay que resaltar que realizó una colaboración con Lego que dio como resultado la House of Dots. Está dividida en cinco estancias que se corresponden con la cocina, un dormitorio, un baño e incluso una discoteca. La casa está realizada con piezas de lego y proyectan los diseños interiores de la muralista. Esos interiores se caracterizan por la combinación de estampados lineales, lunares y colores llamativos. Al final, la artista pretende reflejar su creatividad en el enlace de colores y poner de manifiesto el poder de la imaginación al realizar grandes proyectos.

Foto: Lego’s House of Dots/Alamy

Camille Walala es viveza en estado puro, algo que refleja en sus creaciones. Muchas de ellas invitan a interactuar al espectador al tratar de transmitir la alegría propia de la infancia. Debido a ello emplaza sus obras en lugares muy transitados con el fin de crear espacios en los que desconectar del caos que contienen las grandes ciudades.