Cecil Beaton (Londres, 1904 – Salisbury, 1980) fue quizás el fotógrafo y retratista de figuras del cine más aclamado del siglo XX. Sus fotografías en blanco y negro son auténticas obras de museo y las figuras de la época del séptimo arte (y de otras artes) quedaron para siempre inmortalizadas en el objetivo de su cámara. Desde Marilyn Monroe, a Greta Garbo (una de sus grandes amigas) y, sobre todo y todas, la maravillosa Audrey Hepburn, fueron retratadas, no solo en su cuerpo sino también en su alma, por este genial artista, capaz de ir más allá de lo exterior y  transmitir en sus retratos el alma y espíritu de sus modelos. Dotado de una exquisita educación y estilo, Beaton fue un genio del arte fotográfico que también se dedicó al estilismo y la moda. Su relación con el cine y el teatro y los mejores directores y autores de la mitad del siglo XX fue grande y especial, pero no solo retrató a actrices y actores, también lo hizo con las más importantes personalidades de esos años; desde Picasso a la misma Reina Isabel II de Inglaterra. Sus series fotográficas se han expuesto en numerosas exposiciones y salas, entre ellas las del National Portrait Gallery de Londres. Precisamente aquí y del 12 de Marzo al 7 de Junio del presente año, en 2020, se exhibirá una muestra de su obra que comprende la época más bohemia y extravagante del artista, la de su primera juventud, en el tiempo comprendido entre 1920 y 1930.

Gran Bretaña tiene una larga tradición de grandes pintores y fotógrafos, pero, sin duda Beaton fue el fotógrafo elegido por los dioses para dejar constancia de la divinidad de la fotografía.

Hijo de un comerciante de maderas, con una buena posición económica, su interés por la fotografía fue propiciado, en su infancia, por su institutriz. Estudió en la Heat Mount School, asistió luego a la Harrow School y,  más tarde, cursó estudios de arte, arquitectura e historia en el St John’s College en Cambridge, aunque nunca se graduó.

Expuso por primera vez en la Colling Gallery de Londres en 1926, año en el que, además de seguir haciendo fotografías individualmente, creó su primer estudio fotográfico.Habitual fotógrafo de moda, publicó infinidad de trabajos en las mejores revistas gráficas de la época, entre ellas, Vogue,para la que trabajó primeramente como ilustrador, Harper’s Bazaar y Vanity Fair. Todas ellas fueron grandes plataformas para el conocimiento universal de su trabajo.  Fue desde la época de 1930 a 1940, tiempo en el que viajó a Nueva York y Los Ángeles, antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando Hollywood le sedujo e inició su serie de retratos a las mejores actrices de la meca del cine. En 1937 pasó, además, a ser el fotógrafo oficial de la familia real británica.

Durante la contienda realizó fotografías, sobre todo en Londres, y la famosa serie que se conoce como  Theater of War. Fotografías en la que expresa como nadie las situaciones de los lugares y protagonistas anónimos y el escenario en que tuvieron, terriblemente, que moverse.

Pero Beaton no se conformó con ser solo un testigo de actrices y actores en las grandes películas. Su formación y experiencia y, sobre todo, su enorme gusto y capacidad estilística, le llevaron, pasada la guerra, a incursionar en la dirección de arte en la industria cinematográfica y teatral. En la década de los años 50 y 60 del siglo XX, realizó el atrezo de My Fair Laidy (que primeramente se había estrenado en teatro en Broadway)  que fue, quizás, en ese aspecto, su trabajo más celebrado, lo que le llevó a ganar el Oscar en esa categoría. E hizo la dirección de arte y vestuario de otra obra maestra,Gigi, con la que también obtuvo el Oscar en ese apartado.

En los años posteriores su vida, publicó unos controvertidos Diarios y vivió algunas polémicas debido a su carácter y relaciones personales, pero ya se había convertido en un mito. Le fue concedida la orden del Imperio Británico, así como otorgado el título de Sir.

Sir Cecil Beaton, gloria en toda su trayectoria artística, pasó a la definitiva gloria y a la memoria de todos los amantes del arte y el buen gusto en la preciosa ciudad inglesa de Salisbury, donde tenía desde hacía muchos años su casa,  el 18 de Enero de 1980. Se acaba pues  de cumplir el cuarenta aniversario de su adiós a su increíble existencia. Pero su obra permanecerá siempre con nosotros.

La belleza está ahí para ser reconocida” ( Cecil Beaton )

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