La cúrcuma es el último gran descubrimiento para el cuidado integral de la salud a través de la alimentación y, sin embargo, esta especia es tan antigua y conocida como la Humanidad.

El nombre original es Cúrcuma Longa. Procede de la India y es una planta que crece bien en zonas cálidas. Tradicionalmente utilizada en la cocina asiática, la cúrcuma empieza a ser objeto de deseo de Occidente por sus beneficiosos efectos para la salud.

La curcumina es el principio activo básico de la cúrcuma y se encuentra en la raíz de la planta, un rizoma con forma de pequeño tubérculo, cuyo polvo al cortarlo es el componente básico del curry y lo que  da ese color y olor característico y tan apetitoso a la salsa que todos conocemos.

La cúrcuma es algo que todos deberíamos incluir en nuestra dieta para alcanzar el mejor estado de salud y bienestar. Aporta elementos fundamentales para el cuerpo, entre ellos  aminoácidos esenciales y también minerales como el calcio, el hierro, el magnesio, el cinz, el potasio, además de vitaminas como la B1, B2, B6, la E, tan importante para la piel y el sistema inmunitario y la vitamina K, que interviene en la mejora de la circulación de la sangre. La curcumina, su componente básico, además, es un gran antioxidante y antinflamatorio.

Desde antiguo, se han descrito  propiedades beneficiosas para la salud de los extractos de Curcuma longa y  la curcumina. Se conoce su actividad antibacteriana, antifúngica y antiparasitaria, pero  recientemente  también se han demostrado efectos específicos en otros tejidos y órganos, como la piel, el sistema gastrointestinal, el respiratorio y en el hígado.

Actualmente han realizado estudios que demuestran la capacidad de la cúrcuma para estabilizar membranas y para prevenir la peroxidación lipídica, un proceso fundamental en el establecimiento, la progresión y las complicaciones de muchas patologías como las enfermedades hepáticas, renales, cardiovasculares y neurodegenerativas.

Pero no solo favorece la función renal, protege al hígado y coadyuva a evitar la artritis. Hace algo fundamental en estos días: interactúa con numerosas moléculas de nuestras rutas metabólicas y potencia la acción del sistema inmune.

Respecto al cáncer, la curcumina ayuda a su control  en todas sus fases de desarrollo y lo  hace a través de distintos mecanismos, inhibiendo  la formación de microfaminas, sustancias que favorecen la aparición de tumores y la angiogénesis, esto es, el desarrollo de vasos sanguíneos que alimentan el cáncer. Es especialmente activa  en los cánceres de próstata, mama, colon y, en general, del aparato digestivo, del que es un exraordinario regulador: ayuda a eliminar los gases, el reflujo gástrico y la úlcera producida por el helycobacter piloris.

En resumen, la cúrcuma es uno de los complementos alimenticios básicos para la salud y bienestar de las personas,  con efectos beneficiosos en todos los sistemas que integran el organismo. Se puede tomar en polvo, un tercio de una cucharadita todos los días, descansando después de tres meses o bien condimentar y añadirla a las comidas, siempre al final del cocinado para que no pierda sus propiedades con el calentamiento o la cocción. Esta es la forma más natural de tomarla y el modo en que se ha venido haciendo tradicionalmente por las culturas gastronómicas milenarias de Asia. La más probada y beneficiosa a largo plazo.

En cualquier caso, si se toma como suplemento, se debe siempre consultar a un especialista médico o farmacéutico ya que, en algún caso, muy pocos, puede haber alguna contraindicación o interacción,  sobre todo en personas diabéticas o que toman algún medicamento para prevenir la coagulación de la sangre, como la aspirina,  ya que la cúrcuma tiene en si misma efectos sobre el sistema circulatorio, por su capacidad de licuación del torrente sanguíneo, y no se debe potenciar excesivamente este efecto.