Pause su vida por un instante, como si fuera una serie de televisión que usted está viendo por capítulos, imagínese que cada capítulo es una época de su vida que va contando los instantes que más lo han marcado en su biografía.

Ahora deténgase en esos momentos y sienta profundamente el peso interior que lo ha perturbado en cada una de esas vivencias.

Reconozca que es aquello que lo ata, que lo encadena y que lo hace sentir como un preso emocional imposibilitado para fluir libremente por el sendero de su vida.

Este poderoso ejercicio espiritual le revelara en poco tiempo que es aquello que encadena su vida e impide su transformación.

Inconscientemente, todos nos apegamos al dolor emocional y nos acostumbramos a vivir con aquellas heridas que aún están activas en nuestra dimensión espiritual y que, de no reconocerlas, difícilmente podríamos sanarlas.

Hay múltiples cadenas invisibles que vamos arrastrando por nuestra existencia, como si fuéramos entes miserables carentes de fuerza interior. Hay que romper esas ataduras emocionales y alcanzar así la plenitud y la libertad espiritual. La depresión, la baja autoestima, la ansiedad, el estrés, los conflictos familiares, un duelo, una pérdida, la infidelidad, el miedo, un trauma, una ruptura emocional, un divorcio, una dificultad económica, etc.

Usted tiene una tarea espiritual. Entender esto es lo que le dará sentido a su vida. Esa tarea es reconocer que aquello que más pesa en su vida, es lo que necesita para ejercitar el músculo de su alma.

Desapéguese de lo que encadena su vida, no se aferre al dolor emocional que es la más cruel adicción; así su libertad será real, cuando logre romper las cadenas invisibles de las cuales usted mismo se ha hecho preso.

En mi práctica como coach existencialy acompañante de almas dolientes, me impacta enormemente encontrarme con consultantes que expresan dolores emocionales crónicos, que padecen desde hace años, incluso décadas y que se han acostumbrado a padecerlos hasta que llegan a un punto de quebranto emocional tan brutal, que solo cuando se les rompe la vida en mil pedazos, se despierta su consciencia anestesiada, de un solo golpe, y es entonces cuando comprenden que deben hacerse responsable de su salud emocional, espiritual, mental y física, pues de no ser así, caerían en desnutrición emocional y hasta peligro de muerte.

Un ejemplo de apego emocional al dolor, que encadena la vida de una persona es el caso de Claudia, una bella mujer de aproximadamente 40 años. Claudia vive en Miami y una amiga suya le había regalado mi libro: ‘Tu Alma, una joya para pulir’ con el propósito de ayudarle a detener su dolor y conducirla a la estabilidad emocional. Como complemento al regalo, la invita a unas sesiones de acompañamiento espiritual y existencial conmigo y fue así como iniciamos este itinerario de sanación, con su mano en la mía.

En la primera sesión virtual pude ver en la pantalla la belleza que aún quedaba de una mujer que se veía desgastada por el dolor y agobiada por el sufrimiento. Comencé a hacer el Escaner del Almapara detectar las heridas que sangraban silenciosamente en su interior. La primera que encontré fue la profunda herida de la autoestima, estaba tan lastimada como una tierna paloma después de recibir múltiples disparos de rifle en su pecho.

El corazón de Carolina sangraba como el de esa paloma herida, que ha caído casi muerta después de múltiples disparos al alma, que le arrebatan la existencia, la dignidad y las posibilidades de respirar para subsistir. Lo primero que me expresa es “quiero salir de este hueco, y no sé cómo, pues no tengo fuerzas ya ni para volar, me han cortado las alas…”

Pregunté: ¿Hace cuánto vives en ese hueco? Responde: Hace 20 años…sollozó.

Esto es lo que llamo “Apego emocional al dolor que encadena su vida”. Carolina ya había desarrollado todo tipo de somatizaciones biológicas y trastornos de ansiedad, que terminaban de aniquilar su cuerpo y sus ganas de vivir y aun así ella intentaba sonreír, disculpando y justificando el maltrato emocional que recibía por parte de su marido, quien la trataba de modo ofensivo y descalificador.

¡Ella escuchaba una voz interna, más las voces de su madre y algunas amigas quienes le decían constantemente “¡No te puedes separar! ¡Aguanta! ¡Tienes 2 hijas! ¡Y además te vas a quedar desamparada!”

Pregunte entonces: ¿No estás acaso desamparada ya? Responde: “Esto fue lo que me tocó, aprendí que yo todo lo perdono, yo todo lo olvido, lo borro, perdono y olvido…”

Pregunte: ¿Hasta te olvidaste de ti misma?

Este ejemplo narra cómo podemos apegarnos, de modo enfermo y destructivo, al dolor emocional. Es como si le echáramos llave al candado que nos encierra en la cárcel del sufrimiento perpetuo y votáramos las llaves al mar, para asegurarnos, quizá de un modo masoquista de que nos quedaremos encerrados en nuestro propio dolor.

¿Cuál es su cárcel? Regrese a esa serie de TV que narra su propia historia y reconozca cuál es ese apego emocional nocivo que lo tiene preso hace tantos años.

Detener el dolor y encontrar las llaves que lo conducirán hacia su propia libertad depende solo de usted, las llaves no le caerán del cielo, usted es su propio carcelero.

Si siente que no puede hacerlo solo, si se siente herido de muerte, si siente que el temor lo paraliza, busque ayuda profesional o guía espiritual y salga del hueco del apego emocional, que es la peor de las adicciones…

Mi píldora para el alma de esta semana:

Cuando la herida ya no sangra, ya no arde, se convierte en la cicatriz que dignifica nuestra batalla y nos recuerda la lección espiritual aprendida.

 Paula López Espinosa

@paulalopezescritora

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