El ser humano promedio tiende a pasar una media de 6 a 8 horas en su teléfono móvil revisando redes sociales como Instagram, Facebook, Twitter o TikTok, o consumiendo algún tipo de contenido de plataformas como YouTube. Hoy en día con la aparición de la sociedad digital hemos ido poco a poco perdiendo el control de nuestra vida cotidiana y nos hemos vuelto totalmente dependientes de nuestros Smartphones, que nos acompañan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año. Las veces que nuestro smartphone sufre algún daño o se nos pierde, es como si el mundo se acabara. Esta sensación de ansiedad, desconcierto o estrés tiene su explicación psicológica y va muy unida a los síntomas de abstinencia que se tienen al tratar de dejar alguna droga. Al igual que el amor, el uso de lo digital es adictivo.

Este fenómeno ha dado lugar a que surja una nueva adicción o síndromes como la nomophobia. El estrés, la fatiga, la estigmatización por ‘no existir’si no estás conectado, el temor a la pérdida de privacidad y al control social masivo, la precariedad laboral y el empobrecimiento de las relaciones personales y profesionales son algunos de los problemas actuales que señalan los psicólogos. Asimismo también hay que sumar el hecho de vivir experiencias a través de los móviles, como cuando filmamos un concierto en vez de disfrutarlo, o el ‘ilusorio número’ de amigos que indican nuestras cuentas en las redes sociales.

La tecnología sin duda nos puede brindar muchas oportunidades, principalmente simplificarnos la vida, pero un excesivo uso de esta nos puede hacer perder el tiempo y desarrollar un desenfoque y falta de atención permanente, favoreciendo sobre todo el hábito de la procrastinación.

De ahí que sea necesario plantearnos –al igual que sucede con otras adicciones– llevar a cabo un retiro o un ‘detox’ digital. Está claro que dar este paso no siempre es fácil. Pero podemos empezar desde silenciar los grupos de whatsapp, pasando por revisar solo los mails estrictamente necesarios y dedicar tan solo un número diario de horas pendientes del móvil hasta poner en marcha acciones más drásticas de abstinencia total, como desconectarse por completo durante las vacaciones o eliminar nuestra cuenta de Facebook o Instagram.

Se trata de liberarnos de esa creciente necesidad de estar permanentemente conectados y evitar así la dependencia tecnológica, reconectando con la realidad y con nosotros mismos y los demás a través del mindfulness.

La desconexión se traduce en aumento de creatividad, mayor capacidad de reflexión, aumento de la curiosidad y que surjan preguntas, broten inquietudes.

Para nuestra salud emocional y mental,  conciliar nuestra vida personal y familiar y para construir una sociedad en la que no sea necesario estar disponibles 24 horas al día durante 7 días a la semana, debemos ser capaces de desconectar digitalmente.

Vivir constantemente en un modelo de sociedad enfrascados y pendientes de los elementos y accesorios digitales disminuye nuestra forma de comunicación tradicional dejándonos a merced de un mundo tecnológico que carece de algo tan esencial como la personificación distorsionando en muchas ocasiones la realidad.

Por encima de todo debemos preservar nuestra identidad y no convertirnos en personas dependientes y automatizadas. Debemos encontrar el equilibrio entre nuestro bienestar digital, aprovechando la utilidad de las nuevas tecnologías, y nuestro propio interior.