El 21 de Noviembre se celebra el Día Mundial de la Televisión. Una iniciativa propuesta por las Naciones Unidas surgida a raíz del Primer Foro sobre la Televisión que se celebró este día en 1996. La intención de este encuentro era reconocer el medio como herramienta capaz de difundir información relevante de manera masiva, su incidencia directa en la opinión pública y la necesidad de su uso como método de difusión de manera responsable. La ONU invitaba a los países miembros “a que observen este día promoviendo intercambios mundiales de programas de televisión centrados, en particular, en cuestiones como la paz, la seguridad, el desarrollo económico y social y la promoción del intercambio cultural”. Llevamos años pronosticando la muerte de este medio. Según un informe de la consultora Zenith Media, el año pasado por primera vez Internet superó a la TV como medio favorito para uso de los consumidores. Otro dato destacable de ese mismo estudio (realizado a 50.000 personas) es el tiempo que pasamos consumiendo medios. Ocho horas diarias.

La diferencia entre una herramienta y un arma es la intención de las manos que la sujetan.

 Ya en los 60, Mc Luhan científico, profesor y filósofo desarrolló el término Aldea Global para explicar el fenómeno del desarrollo de los medios de comunicación masiva. Afirmaba que este nuevo método de transmitir la información eliminaba las distancias físicas permitiendo generar conocimiento pero a su vez alteraba la esencia humana y la organización social.

Se le considera un visionario, ya que mucho antes de la explosión de la tv como medio de masas reflexionaba sobre cómo el acceso a un caudal inmenso de datos “obligaba” a seleccionar los mismos y así mismo lo que se proyectaba era una ínfima parte que podría mostrar una imagen distorsionada de la realidad. Su aforismo “el medio es el mensaje” es un mantra que se estudia en todas las facultades de Comunicación y Periodismo.

El teórico sostenía que la única manera de controlar los medios de comunicación es mediante la comprensión pública de sus efectos. Enseñar a filtrar los ojos que miran en lugar de lo que ven.

En defensa de la caja tonta.

Son muchas las voces que afirman no ver la televisión como un alegato a favor de la intelectualidad. Volvemos a la paradoja de qué fue antes, la programación basura o el espectador poco crítico. ¿Corresponde la decadencia de los programas televisivos a un declive de un modelo de sociedad?

¿Es esta parrilla televisiva una respuesta a nuestras necesidades intelectuales?

Tenemos poder como espectadores de cambiar esa tendencia, con nuestro consumo fulminamos programas, con nuestros comentarios en redes sociales, con nuestros clicks en las noticias. Seleccionamos cuidadosamente (creamos o no) los contenidos que adquirimos. El infierno no siempre son los otros.

Estas nuevas tendencias son consecuencia de la sociedad de la prisa, del ascenso rápido. ¿Buscamos entretenimiento que no nos haga pensar, que no deje espacio a la reflexión?

Exijamos contenido de calidad. Hagamos preguntas. Dudemos.  Solo el que duda evoluciona.