A lo largo de la Historia muchos pensadores y autores han hablado y escrito sobre el amor propio en su doble acepción: amor a uno mismo de forma positiva (lo que entendemos por autoestima) o la forma de amor propio que puede degenerar en soberbia y vanidad.

Hoy vamos a hablar del amor propio necesario, ese amor a nosotros mismos, clave para asentar y definir nuestra personalidad y dar confianza a nuestros actos.

Amor propio, en sentido positivo, es fundamentalmente, respeto y cuidado de uno mismo. Solo si estamos bien con nosotros mismos podemos estar bien con los demás. El amor propio es pues, algo necesario no solo desde el punto de vista individual para el equilibrio de nuestra personalidad, sino también básico para relacionarnos con los otros.

Sin entrar en valoraciones de tipo religioso no podemos olvidar una maravillosa frase de los evangelios cristianos: “Amad a los demás como a vosotros mismos”. Ni más ni menos. Porque el amor propio lleva a una actitud positiva hacia los demás. El amor es respeto y entrega, es un elemento positivo de integración personal y coherencia social.

Sin autoestima en nuestras actitudes no podemos tener un pensamiento positivo para el nuestro funcionamiento social. La autoestima nos ayuda a crecer y a ser positivos. Evita las depresiones y los pozos en que la persona puede caer convirtiéndose en alguien que solo ve sombras sin encontrar la luz.

Hay que crecer en el amor propio positivo y hay que hacerlo cuidando el cuerpo y el alma. Cuidando nuestro físico estamos afirmando nuestra personalidad: un cuerpo saludable es la mejor sustentación de nuestros  pensamientos.

Por ello creemos que el primer elemento para desarrollar ese amor propio es sentirnos a gusto con nosotros mismos. Para ello tenemos que autoanalizarnos y descubrir cuales son nuestras virtudes y qué es aquello de nosotros que nos limita o nos destruye. Y después de ese análisis poner los medios para la mejora.

Insistimos en la necesidad de cuidar el cuerpo. Porque es la estructura visible del espíritu. Es nuestro principal punto de apoyo. Unas personas están mejor dotadas que otras de nacimiento, pero todos podemos mejorar nuestro aspecto, nuestras manifestaciones corporales, nuestra imagen.

Por otro lado, tanto en el aspecto laboral como en de las relaciones es importante no enquistar aquello que no nos gusta del trabajo o de las personas con las que nos relacionamos. Buscar los aspectos positivos de ambas cosas y tratar de minimizar lo negativo elimina algo muy corriente y que altamente negativo: la queja.

La queja nos hace daño y, además, aumenta nuestra vulnerabilidad. Es mejor afrontar lo que nos molesta o limita e intentar poner los cauces necesarios para superarlo que la queja inútil que solo sirve para obsesionarnos con los problemas… y dar la lata a los que nos rodean.

Y dos elementos fundamentales en la actitud: evita la envidia, no busques constantemente la comparación y, sobre todo, no mires al otro con rencor porque creas que ha tenido suerte. Busca tu propia suerte potenciando tus dones y cualidades. Y tu voluntad. A veces es necesario que la voluntad actúe para sacarnos de situaciones que limitan nuestro progreso personal.

Desarrolla la empatía. Busca a los que intentan un camino similar al tuyo. Es evidente que las afinidades se dan o no se dan. No te empeñes en trata de cambiar al otro. Cambia tú y mejora y deja a los demás que sigan su ruta.

La empatía lleva al altruismo y la solidaridad. Y no olvides nunca una cosa: la vida devuelve muchas veces lo que damos. Así que hagamos compatible el amor propio con el amor a los demás, sobre todo a los que lo merecen.