A estas alturas nadie puede negar que el cambio climático es una realidad que hay que abordar de manera inmediata. A pesar de que muchas organizaciones y grupos no gubernamentales  han abogado y luchado desde hace años por la concienciación social, el reequilibrio de los recursos y la sostenibilidad, no ha sido hasta la aparición en escena de la activista sueca, Greta Thunberg — nombrada como la persona más influyente de 2019 por la revista Time — cuando se ha puesto el verdadero foco en un problema que nos afecta, sin excepción, a todos.

Cuando hablamos  de cambio climático, lo primero que nos viene a la mente son los efectos adversos en el medio ambiente y en las posibles consecuencias en nuestra salud física. Sin embargo no nos paramos a pensar en algo también fundamental: el coste significativo que tiene y tendrá en nuestra salud mental.

Los traumas y shocks derivados de los desastres naturales como consecuencia de los daños físicos, pérdidas de personas, propiedades, etc…van a afectar de forma importante a nuestra salud mental. Así lo apunta un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otro de la Asociación Americana Psicológica y Ecoamérica que consideran que el miedo, el temor a la pérdida del bienestar, la ira y otras muchas emociones negativas pueden originar trastornos post-traumáticos.

Al mismo tiempo, ya han sido acuñados dos términos con los que debemos empezar a familiarizarnos: Ecoansiedad y Solastalgia. El primero se refiere al miedo crónico a la destrucción del medio ambiente y el segundo es un neologismo que define la consecuencia de tener que emigrar por causa de desastres naturales.Ambos términos se entienden como frustración, desmotivación y, en los casos más agudos, ansiedad y depresión en respuesta a la problemática medioambiental del planeta. Un claro ejemplo de ello es que, cuando se producen días lluviosos, nos sentimos con una actividad vital menos plena y llena de energía.

En cierto modo, todo desasosiego emocional va ligado una sensación de frustración, debido al escaso poder de las acciones individuales en medio de la colectividad y sociedades humanas. El individuo se encuentra impotente ante la magnitud de los problemas que le rodean.Es evidente que, a nivel mundial, hay un aumento del síndrome de angustia respecto al ecosistema, junto con al aumento correspondiente a los problemas personales (trabajo, economía, dificultades varias…) del individuo en todo el planeta.

El papel específico que desempeñan los desafíos ambientales a escala global para el asentar la territorialidad y la identidad se explorará también en el desarrollo futuro de estos los conceptos señalados. El cambio climático entraña un cambio a peor, no solo para las condiciones naturales de la Tierra, sino también una alteración de gravedad en las relaciones humanas, en las condiciones de supervivencia y en el desarrollo de todos los individuos y la sociedad en la que nos movemos. Luchar por salvar océanos y tierras es luchar por nuestra propia vida. Y por preservar el equilibrio de nuestra salud mental.

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