Podríamos definir el estrés como el desajuste y la falta de adaptación a un sistema o modo de existencia que puede llevar a un estado de ansiedad del individuo.

Un cierto grado de estrés hace que, en cierto modo, nos movamos en busca de cumplir nuestros objetivos. Es el exceso de estrés lo que produce la ansiedad y puede llevar a enfermedades mentales y físicas y a estados patológicos en el individuo.

La sociedad occidental y su modo de vida, exportado prácticamente a todo el mundo, conlleva elementos de tensión continua, fundamentalmente en el trabajo. La necesidad de lograr resultados, tanto a nivel individual como empresarial, la búsqueda del rendimiento y las exigencias del sistema de producción en el que nos movemos, llevan a que, muchas veces, el individuo tenga que ajustar su vida personal y sus acciones diarias a esquemas que le producen estrés. El desajuste entre las pretensiones y las posibilidades lleva a situaciones que no podemos controlar y que es causa de tantos problemas psicológicos, e incluso físicos, en las personas.

El trabajo es necesario y, según todos los estudios, es la causa principal del estrés. Pero este también puede producirse por desajustes emocionales y frustraciones en otros campos de la existencia. El amor y el desamor, la injusticia o el daño sobre las personas cuando estas no alcanzan sus objetivos, la falta de reconocimiento ante lo que creemos que hacemos bien o las reacciones negativas de los demás sobre quienes somos o lo que hacemos, pueden generar ese estrés que deriva, en la mayoría de los casos, en ansiedad y en algunos otros incluso en enfermedades graves, como la depresión a nivel mental o a problemas coronarios, presión arterial descompensada o incluso cáncer.

El cuerpo no es solo la habitación del alma. Es un elemento físico que hay que cuidar y está absolutamente interrelacionado con ella. Mens sana in corpore sano, dice un antiguo proverbio. Y es que no puede haber bienestar en las personas si estas dos partes de su identidad no gozan de armonía y buena salud.

Para concluir: el estrés en sí no es una enfermedad aunque comúnmente se asocie a un estado de ansiedad provocado, en la mayoría de las ocasiones, por las circunstancias que vivimos y que desearíamos que fueran diferentes.

¿Qué hay que hacer para evitar el estrés malo, el que daña nuestra vida? En primer lugar saber quiénes somos, lo que podemos hacer y lo que no, cuales son nuestras capacidades y nuestras limitaciones y, sobre todo, ponernos objetivos realizables de acuerdo con nuestra personalidad, situación y conocimientos.

Pero no nos abandonemos y luchemos por nuestros sueños. Porque, para conseguirlos, no podemos bajar los brazos y tendremos que aprender a manejar un cierto grado de estrés bueno, aquél que nos empuja y nos lleva a conseguir las metas que nos permiten realizarnos.

Emilio Porta

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