Para Sama es el documental que grabó Waad al-Kateab para contarle a su hija por qué decidieron quedarse en una Alepo sitiada desde que comenzó la guerra hasta que no les quedó más remedio que marcharse, cinco años después. Entre la crudeza que muestra, donde también hay lugar para algún milagro, hay una frase que retumbó en mi cerebro durante semanas: “en Alepo no hay tiempo para la pena”. Pero la pena está ahí. Y se queda.

Tradicionalmente se había puesto el plano emocional en un segundo lugar, y si hablamos de situaciones críticas ni se planteaba. Desde hace unos años hasta ahora se ha empezado a asentar la importancia de los afectos y la forma íntima en que se relacionan con nuestro cuerpo y por lo tanto con nuestro bienestar. Llamamos homeostasis al estado de equilibrio entre todos los sistemas del cuerpo que él mismo necesita para sobrevivir y funcionar correctamente. Las emociones son una de las herramientas que posee nuestro organismo para mantener esta armonía. Te dan información de manera natural sobre si las cosas están funcionando bien o no. Un ejemplo sencillo, cuando te sientes bien tus sentimientos te están informando de que las cosas están funcionando bien, de lo contrario si te encuentras en una circunstancia de peligro o sufrimiento esto hará temblar tu homeostasis y tendrá un impacto en tu vida y en tu salud, te avisará de que tienes que hacer algo para corregirlo. Por ello es importante aclarar que no hay emociones negativas ni positivas. Lo adecuado es hablar de respuestas agradables o desagradables. Todas son necesarias y contribuyen a desarrollar nuestra manera de percibir el entorno.

¿Qué son las emociones?

 Es una reacción al ambiente que se traduce en cambios fisiológicos (liberación de hormonas, sonrojo, sofoco, dilatación de pupilas, aceleración del pulso…) Esa réplica viene dada por una interpretación subjetiva de una percepción de cambio o desequilibrio (o ambos). Las emociones son inconscientes e inmediatas, por lo que no son razonadas. Tras esta primera fase entran en juego los sentimientos que aparecen una vez tomamos conciencia de lo experimentado, es darle un significado a esa reacción. Así generamos patrones de respuesta emocional que son respuestas aprendidas ante ciertos estímulos y transformamos en hábitos. Su finalidad es asegurar nuestro bienestar.

El problema se da cuando estos patrones son inadecuados y utilizamos recursos dañinos, obsesivos o evitamos riesgos ignorandolos. Evitar un sentimiento negativo nos hace pensar que sentirlo es el obstáculo cuando en realidad la función que desempeñan es ayudarnos a responder de manera adecuada al entorno. Estos patrones generan sentimientos secundarios desagradables como pueden ser la frustración o el resentimiento.

¿Se pueden cambiar los patrones de respuesta emocional?

 Sí, se pueden cambiar. Para cambiar estas pautas inadecuadas y estáticas debemos identificar la emoción principal y así poder gestionarla desde el entendimiento. Lo de escuchar a nuestro cuerpo es algo más que un mantra socorrido en los anuncios. Si entendemos qué nos quiere decir podremos construir un sentimiento adecuado que nos permita responder de forma efectiva.

Hemos de tomar conciencia de lo que nos ocurre y aprender a crear situaciones que nos produzcan mejores afectos. De esta forma nos estaremos educando para reaccionar de forma más inteligente.