Elsa Schiaparelli fue una de las diseñadoras más importantes dentro del mundo de la moda. Amante del surrealismo, amiga íntima de Salvador Dalí y rival de Coco Chanel, la diseñadora es autora de varias piezas icónicas y, además, es considerada como la creadora de lo que conocemos actualmente como “branding” En el aniversario de su fallecimiento, 13 de noviembre de 1973, queremos recordar su influencia surrealista en la moda.

El contacto de Schiaparelli con el arte de vanguardia se inicia a través su amiga Gabrielle, esposa del creador francés Francis Picabia. A Schiaparelli le atrajo la libertad imaginativa de los artistas surrealistas, la fijación del surrealismo por lo corpóreo y las representaciones del cuerpo que creaba tangentes naturales con el mundo de la moda. Esta aproximación, además de situarla en una posición privilegiada de conocimiento de las novedades artísticas, le permitió entrar en relación con importantes postulados dadaístas y surrealistas tales como Marcel Duchamp, Alfred Stieglitz, Man Ray, Salvador Dalí, Alberto Giacometti, Elsa Triolet, Meret Oppenheim, Jean Cocteau, Hoeningen-Huene, Horst, Cecil Beaton, Christian Berard o Van Dongen, con quienes realizó proyectos colaborativos que iban desde la fotografía hasta el diseño de accesorios, frascos de perfume, tejidos y ropa. En sus manos la moda se volvía una cara más del polifacético prisma del arte surrealista, redefiniendo el concepto de feminidad.

A Schiaparelli le debemos, entre otras cosas, la invención de los desfiles modernos concebidos como un espectáculo, la creación de los primeros monos femeninos en los años 30 y de la falda-pantalón, el uso del rayón y su mezcla con tejidos nobles, el primer tejido elástico de rayón y látex, la creación de terciopelos transparentes e impermeables, y la utilización textil de láminas de celofán. Y, asimismo, nos dejó extravagantes y originales creaciones como el sombrero zapato (Soulier), el vestido langosta ideado por Dalí, el collar de aspirinas, los guantes de ante con piel de serpiente roja simulando uñas, los broches en forma de mano diseñados por Jean Schlumberger, el perfume “Shocking” uno de los perfumes de la Casa Schiaparelli cuyo frasco en forma de busto ideado por la artista surrealista Leonor Fini o los insólitos botines de ante y piel de mono que resultaron de inspiración al artista René Magritte para su cuadro “Love Disarmed”.

Además, es consideraba por muchos como la creadora del branding porque, entre otras cosas, fue la primera diseñadora en lanzar una línea de gafas y bolsos y en incluir sus maravillosas S y candados en sus creaciones para hacerlas todavía más inconfundibles.

Desmarcándose de la sociedad opresiva y sexista en la que le tocó vivir, llegó a ser la preferida de personajes de la talla de la duquesa de Windsor (cuyo ajuar llevaría hasta el último de sus días la etiqueta Schiaparelli), Marlene Dietrich, Katharine Hepburn, Greta Garbo, Lauren Bacall, Gene Tierney o Gala (la musa de Dali). Y de Marchesa Casati, Nusch Eluard (quien llevaba Schiaparelli para su retrato de Pablo Picasso), Arletty, Vivien Leigh, Ginger Rogers, Juliette Gréco o Mae West. Todas ellas coleccionaron sus entonces diseños controvertidos. Distintos. Inolvidables.

Los diseños de Schiaparelli eran una transgresión deliberada de la belleza de la naturaleza surrealista de la moda. Schiaparelli consideraba a la moda como un arte y, por tanto, imposible de desvincular de la evolución de las artes plásticas contemporáneas y sobre todo de la pintura. El surrealismo le sirvió como fuente de inspiración básica. Se decantaba por el color, el ornamento, la fantasía y el fuego y los desarrolló de acuerdo con el espíritu de la época. Diseñó prendas que llamaban la atención sobre el valor del objeto de la moda como fetiche, creando perturbadores complementos. Una elegancia provocativa e irreverente que hace que su obra y su legado perduren para siempre.