La gran fortuna de poder imaginar es que convertimos la irrealidad en realidad. Todo lo que imaginamos permanece mezclado con lo que pasó, aunque no haya ocurrido exactamente como lo recordamos o  contamos, e incluso si no ha sucedido jamás.

Siempre he creído que los personajes de todas las novelas, relatos o películas llegaban a ser, para quienes los percibían, tan reales o más que sus autores. El camino de descubrimiento de las sensaciones que discurren entre la mente y el corazón tiene siempre destinatario, aunque no lo conozcamos o esté oculto en el misterio de un universo que fue de papel y ahora es de ondas electromagnéticas. Ambos conforman memoria. Y la memoria, la propia y la ajena, acumula el transcurso de todas las historias desde el comienzo de la Humanidad, desde los albores de la cultura. Esa cultura que nos hace evolucionar de modo más libre y más humano y permite que cada acción nazca sobre tierra ya labrada y cultivada desde hace siglos, no sobre una superficie yerma, una tierra árida y sin frutos sobre la que nada se puede recoger.

La cultura va uniendo eslabones más allá de los individuos concretos que la enriquecen y hacen crecer y empuja el desarrollo de todas las sociedades. Cultura y memoria permiten que la añoranza, la nostalgia y el deseo de ir más allá interactúen y  sean un motor de vida,  no permanezcan inservibles en un baúl cerrado en medio de la oscuridad.

Todos somos producto de lo que vivimos, pero también de lo que vivieron y nos dejaron otras generaciones, creadores y científicos, artistas y pensadores, descubridores y navegantes, viajeros y personas que han ido acumulando el saber universal.

Hoy ese saber – todo lo acumulado y aprendido – está más que nunca al alcance de todos. La tecnología permite extender la cultura a todos los rincones del planeta. Se llega más, mejor y más rápidamente. Estamos a un clik de la información, la crítica, el debate, el conocimiento. Hoy la memoria tiene un ayudante y un servidor como nunca tuvo y la cultura no es solo patrimonio de una élite, está al alcance de todos, es nuestra. Es el aire que empuja la evolución de nuestros anhelos y que alimenta nuestros sueños.

La tecnología solo es alienante si se utiliza mal. Cuando ayuda al conocimiento y a la diversificación, cuando ayuda a la vida, es la mayor bendición del cielo.

 

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