domingo, enero 23, 2022
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Entrevista a Joaquin Torres (II)

Retomamos nuestra entrevista con el aclamado arquitecto Joaquín Torres. En este entrega, como ya habíamos adelantado, nos aportara su experiencia y opinión acerca de los nuevos retos a afrontar en la arquitectura moderna.

 

Vivimos en un mundo convulso, repleto de cambios, y la arquitectura debe estar preparada para dar respuesta a los retos a los que se enfrenta. ¿Lo está? “En España antes se formaba un gran talento en las universidades, pero hoy en día parece que se ha rebajado la exigencia. Sirva como ejemplo que cuando yo estudiaba, la carrera de arquitectura se desarrollaba en siete años, mientras que ahora dura solo cuatro. Es imposible que un estudiante se forme del mismo modo en siete años que en cuatro”. En cualquier caso asegura estar convencido de que las generaciones jóvenes pueden aportar una perspectiva fresca que conduzca a grandes cambios. Como, por ejemplo… ¿ciudades inteligentes?

Joaquín Torres lo tiene claro: “Hoy en día es una realidad. Volver al entorno rural es algo que la gente reclama. El entorno rural nos ancla a un pasado y a una realidad volcada con el territorio, tiene algo de bucólico. Esto cobra gran importancia en un momento como el que vivimos, con esta pandemia. Todas las generaciones han tenido que enfrentarse a malos momentos, empezando por nuestros abuelos, que libraron batallas peores. El siglo XX, que concluyó hace apenas dos décadas, estuvo marcado por guerras mundiales y civiles. A nosotros nos ha tocado esta pandemia, que ha puesto de manifiesto el tema de la vivienda”.

No es lo mismo confinarse en treinta metros o en una casa grande con jardín, cierto, pero no es algo que la gente común podamos elegir a nuestro antojo, ¿verdad? “Por eso es importante reclamar una vivienda digna para todos”, afirma Torres. “Es fundamental que aprovechemos la tecnología para plantear otro modo de arquitectura, otro urbanismo y otra forma de vivir. Esto hará que la vivienda se abarate porque ya no hay necesidad de que vivamos cerca de un núcleo de trabajo, pues se está viendo que el teletrabajo y la descentralización es posible. Nosotros, como arquitectos, tenemos una obligación social”.

Joaquín Torres pone de relieve el aspecto social de su oficio, pero le pregunto por ese otro aspecto, el que relaciona a los arquitectos con la clase política. Afirma que “no hay ningún arquitecto con proyección internacional que no tenga relación con el poder, porque si no, no tienes obra. Calatrava, por ejemplo, en un momento te hace media Valencia. ¿Por qué? Porque tiene una conexión directa con Zaplana y toda esta gente. Hoy en día es el gran denostado, parece que queremos lapidarlo, pues ni tanto ni tan calvo. Y en cuanto a la relación con los políticos, a mí me cuesta mucho porque me parece que, en general, son de una calidad bajísima y ha descendido enormemente el nivel, lo cual es reflejo de la clase social española. Hemos ido bajando el estándar. Debería callarme, pero creo que hay que pedir más a los políticos. ¿Por qué un barrendero tiene que pasar una oposición y un político puede llegar donde quiera sin ninguna titulación? Los arquitectos tenemos que exigir a los políticos que pongan al frente expertos en urbanismo. Para los que están en los ayuntamientos, esto va a escocer. Pero necesitamos una función pública mucho más eficiente para todos, es vital para que cambiemos y crezcamos juntos como sociedad”.

En los últimos 150 años, la esperanza de vida ha pasado de los 45 años a los 80. Este cambio se debe en gran medida, según los antropólogos, a la arquitectura. ¿Qué hay que adaptar para que los mayores tengan una mejor calidad de vida? Joaquín Torres reflexiona: “Hay que estar preparados para el cambio. En siglos anteriores, quizás el cambio sucedía de forma más inadvertida o menos acelerada. El cambio ahora es exponencial, y los arquitectos tenemos que plantear las formas de una forma dinámica para adaptarnos a este mundo cambiante. Espacios que se puedan transformar (una cocina que pueda ser un comedor, una habitación que se transforme en un salón)… Hoy el mundo en 10 años cambia más de lo que lo hacía antes en 100”.

¿Cómo afecta esto a los siempre lentos permisos de construcción? “No tiene sentido que yo tenga que esperar diez meses para conseguir un permiso para construir, hay que plantear soluciones de diseño y constructivas para que los plazos se acorten. De otro modo se bloquea la economía de una ciudad, sus funciones, y se bloquean hasta las ganas de hacer cosas”.

Estos cambios, esta constante transformación del mundo y sus modos de vida, ha deparado en alternativas que pretenden encontrar soluciones a asuntos de máxima urgencia como el ecologismo. Le pregunto a Joaquín Torres que me explique lo que es el urbanismo higienista, tan en auge en ciudades como Barcelona. “El urbanismo higienista, lo que sustenta por encima de todo, es  aquello que tiene que ver con la salud y la higiene. Son aspectos sin duda importantes, aunque no podemos hablar solo de higiene, salud o movilidad. Hay que entender el ser humano en su conjunto y plantear desde ahí los espacios. Porque la arquitectura es eso: espacio. No sirve de nada ya, por ejemplo, hablar de metros cuadrados, sino cúbicos. Todos los aspectos que forman la arquitectura, higiene incluida, son vitales. Todos, no uno solo. Cuando se habla de solo un aspecto, la arquitectura sale perdiendo. Las experiencias en Barcelona han sido fallidas por eso, porque han descuidado otros aspectos del urbanismo”.

Le pregunto si es momento de introducir cambios en la construcción, empezando por los materiales empleados y los procesos no-contaminantes. Torres lo tiene claro: “Hoy en día hay materiales de construcción que no son puramente naturales, pero son perfectamente válidos. El plástico es un claro ejemplo. En mi opinión, no hay que darle de lado, sino reciclarlo, darle una vida útil. El gran problema al que se enfrenta la arquitectura es que está vinculada con la economía, y los clientes muchas veces descartan, por ser más caros, utilizar sistemas sostenibles”. ¿Y esto cómo se soluciona? “Regulándolo por ley”, responde. “El Estado debería imponer unos mínimos criterios ecologistas y sostenibles. Tenemos que cuidar el planeta y en la arquitectura eso debe ser una obligación, porque cuando lo conviertes en una opción, el cliente siempre va a optar por algo más barato. Al fin y al cabo, los efectos dañinos no se advierten de manera inmediata”. Acaba con un dato curioso: “¿Sabes qué es lo que más contamina en las ciudades? Las calefacciones. Nadie habla de ello, ni de regularlo. Hemos nacido con ello y está integrado en nuestras vidas”.

Antes hemos hablado de la pandemia que nos tiene en vilo desde principios de este año. Es un tema de conversación recurrente en estos tiempos, casi obligado, por el impacto que ha tenido en nuestras vidas. El antídoto para el virus se desarrolla en laboratorios, pero me pregunto si el urbanismo puede servir de arma para combatir las pandemias. “Sin ninguna duda”, afirma Joaquín Torres. “Es una cuestión de lógica: si concentras en una ciudad como Madrid, donde una gran masa de gente se tiene que desplazar al trabajo en una punta horaria, es imposible evitar los contagios colectivos. Hay que impulsar un urbanismo donde la distancia social sea lógica, donde evitemos concentraciones o aglomeraciones. Es decir: menos concentración y más dispersión. Y si no se hace no es porque haya un problema territorial. Aquí tenemos campo y suelo por todas partes, más que suficiente para aplicar un urbanismo más disperso”.

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