Podrían escribirse volúmenes enteros acerca de la historia de la Real Fábrica de Cristales de La Granja, situado en la provincia de Segovia, y cada una de sus páginas estaría llena de interés. Desde su fundación en 1727 como un pequeño horno situado en una barraca durante el reinado de Felipe V, pasando por el incendio y posterior reconstrucción en 1770, ya con Carlos IV acomodado en el trono, hasta llegar a la institución emblemática en la que se ha erigido hoy en día. Es un recorrido fascinante a través del cual puede trazarse un mapa preciso de la historia de España y que puede encontrarse maravillosamente narrado en la propia web de la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Pero hoy tenemos ante nosotros algo aún mejor: historia viva, la mujer al frente de todo esto, la directora comercial de tan emblemática institución. Ella es Carmen Aguirregomezcorta, que nos ha invitado a celebrar con ella el 250º aniversario de la Fábrica. Un honor y un privilegio que difícilmente podíamos dejar pasar.

Antes de nada, la pregunta ineludible en estos tiempos: ¿cómo ha afectado la pandemia a los proyectos que tenían planeados para un año tan especial? “Ha sido un año complicado, sin duda, es por eso que esperamos poder extender durante este 2021 las celebraciones que no hemos podido llevar adelante como nos hubiese gustado”, afirma Aguirregomezcorta. “Por otro lado, hemos detectado que el vidrio es un producto cada vez más demandado, por lo que su venta no se ha visto especialmente alterada. Es cuestión de acercarse a las tendencias que predominan hoy en día, como el ecologismo, permaneciendo fieles a nuestros criterios de calidad, excelencia y belleza”.

Toda la historia, nobleza y tradición que son baluartes de la Real Fábrica de Cristales, puede encontrarse durante los meses de diciembre y enero en el Centro Comercial ABC, situado en la calle Serrano de Madrid. “Es un sitio emblemático”, se congratula Aguirregomezcorta. “Hemos querido acercar la tienda a Madrid, a esta zona privilegiada que, además, nos permite cumplir escrupulosamente todas las medidas sanitarias que se requieren en los últimos tiempos”. Desde aquí lanzamos una invitación a todos los madrileños y no madrileños que tengan la ocasión de acercarse, porque el lugar bien lo merece. Y es que no todos los días puede visitarse una fundación declarada en 1989 como bien de interés cultural.

La responsabilidad de ser la institución de vidrio soplado más antigua del país debe ser pesada. “La industria del vidrio soplado data de Antes de Cristo. Somos los únicos que hemos sido capaces de seguir con esta técnica junto a otra fábrica, Gordiola, que está situada en Mallorca. Es una gran responsabilidad, claro, pero también un privilegio enorme. No solo fabricar este producto, sino además continuar formando a la gente en esta técnica para evitar que desaparezca”. ¿Debemos preocuparnos por la supervivencia de esta técnica milenaria? Carmen Aguirregomezcorta lo tiene claro: “Mientras sigamos formando a las generaciones venideras para dar continuidad a esta tradición, no tenemos de qué preocuparnos. Pero es importante encontrar el relevo, fomentar el interés entre la gente joven y hacerles ver que esta tradición está muy viva y tiene un enorme futuro”.

Los productos que fabrican han destacado siempre por su calidad, por ese brillo tan característico y, sobre todo, por la artesanía que impregna todo el proceso. Una artesanía que, por cierto, no está en absoluto reñida con la modernidad. Carmen agradece que haga hincapié en esto: “Artesanía y modernidad son perfectamente compatibles. Con lo que la artesanía sí está reñida es con la fabricación industrial, pero no con la modernización. Nosotros proclamamos efusivamente la innovación y el diseño. Es más, tenemos un proyecto que consistirá en abrir un laboratorio dentro de la Fábrica donde poder desarrollar el concepto de artesanía moderna y de calidad. Siempre estamos abiertos a colaboraciones con distintas ramas artísticas, como escultores o diseñadores de joyas como Chus Burés, que han dado lugar a piezas maravillosas”.

Son, precisamente, estas colaboraciones tan singulares las que han ayudado a difundir y asentar el buen nombre de la Real Fábrica de Cristales. Campos tan variopintos como el deporte –“llevamos años haciendo el trofeo de la Vuelta Ciclista a España y hemos hecho también un trofeo para el Open de Segovia, nos encanta colaborar con el mundo del deporte”-, los sorteos –“el 26 de noviembre sacamos unos cupones en colaboración con la ONCE en los cuales venía una imagen de nuestra fábrica, fue una experiencia muy bonita que además tuvo mucha repercusión mediática y se vendió muy bien”– o las Jornadas Europeas de Patrimonio –“se llevan adelante anualmente coincidiendo con la semana de la cultura. Este año hemos tenido menor asistencia por la pandemia, pero en general consiste en una serie de actividades relacionadas con el sector de la fabricación de vidrio y en las que acogemos a grupos que vienen a hacer experiencias en la fábrica y formarse en distintas técnicas y tratamientos del vidrio”.

Además de todo ello, el Museo que alberga la Real Fábrica de Cristales se ha convertido en un destino cultural ineludible, acogiendo anualmente a cerca de cuarenta mil visitantes, una cifra verdaderamente impresionante que este año, por las consabidas circunstancias, se ha visto disminuida. Ello no ha impedido que hayan realizado una serie de actividades en colaboración con diferentes museos como el MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León), Museos sin Fronteras o la Fundación Loewe entre otros.

Entre tantas y tan diversas actividades, ¿cuáles son los productos estrella que se mantienen, esos que han alcanzado ya el estatus de la inmortalidad? “El que todo el mundo relaciona con nosotros es la cristalería, es lo que la gente más compra y repone con frecuencia. Nos viene mucha gente joven diciendo que sus abuelos tenían las copas que vendemos y quieren una igual. La Copa Maestra es un clásico para regalos institucionales, que es la que tiene que hacer el Maestro de Hornos para obtener su título. Las lámparas, claro, con las que recientemente hemos hecho un precioso árbol de Navidad. Tenemos la suerte de contar con un amplio catálogo de productos atemporales”.

Este 2021 brindaremos con sus copas. Las mismas en las que a Isabel Farnesio, aquella aristócrata italiana que llegó a ser reina consorte de España, le gustaba servir el vino que hacía traer de Parma. Brindaremos por un año que será nuevo y será mejor y vendrá cargado de esperanza. Brindaremos por la tradición y la modernidad, dos conceptos más amigados de lo que la gente piensa. Y brindaremos por Carmen, por la Real Fábrica, por la Historia que se refleja en los vidrios que esconden detrás el brillo de un legado que es nuestro y es eterno.

 

Texto: Alex Merino Aspiazu

 

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