Hoy, 9 de octubre, arranca la segunda edición del Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona (FICAB), un ciclo que nos invita a la reflexión mientras abre una puerta creativa por la que se cuelan las reivindicaciones e identidad del continente africano.

Los festivales de cine nacen como estrella fugaz y terminan convirtiéndose en un completo, delicado y hermoso microcosmos. Un universo a pequeña escala que primero descubre su propio hábitat, que posteriormente encuentra su fauna autóctona, y que cuando consigue expandirse lo suficiente llega a crear su propia cosmogonía.

El Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona está en esa fase embrionaria. Tras el éxito de público cosechado en la primera edición, el ciclo vuelve a elevarse más allá de las fronteras para poner en valor el cine africano y demostrar la necesidad de historias que se escapen de la placidez mainstream para descubrirnos otras formas de sentir el mundo.

Uno de los principales objetivos del festival es tender puentes con los espectadores. Así, a lo largo del año han salido a la calle en su sección FICAB en los barrios para organizar microeventos culturales y notar los latidos de las zonas más populares de Barcelona. Eventos que este año tuvieron su punto álgido el 9 de septiembre con la celebración mano a mano con la Casa Mali del concierto de Boris Talom & Idrissa Kora y la proyección de la película «Timbuktú» de Abderrahmane Sissako.

Y todavía hay más, si en su primera edición, el certamen le dedicó una retrospectiva a la fuerza y el coraje de la mujer africana (bajo el nombre “África es nombre de mujer”), en esta ocasión han querido mirar al futuro y bajo la retrospectiva “Afrodistopías” nos muestran hacia dónde va (para bien o para mal) el continente. Sección que cubre los espacios abiertos que deja el programa principal que está formado por una serie de cintas que se estrenan en España gracias al certamen y que se presentan como una especie de tríptico temático.

Tres afluentes del mismo río

Como si de un coro de góspel se tratase, el FICAB consigue agrupar numerosas voces bajo una misma melodía. Así, a lo largo del certamen títulos de procedencias tan dispares como Senegal, Angola, Yibuti, Nigeria o Burkina Faso trataran de abordar las múltiples realidades políticas, sociales y culturales del pueblo africano.

Y no solo las abordarán sino que las abrirán en canal para diseccionarlas, escudriñarlas, aprehenderlas y, a partir de ahí, establecer un diálogo con el espectador en el que cohabitan distintos vértices de la cultura africana.

Un diálogo que desde el Festival plantean sobre tres principales ejes: la importancia de Senegal en el cine del continente, las profundas cicatrices que las guerras han dejado en la sociedad africana en las últimas décadas y la silenciosa diáspora del pueblo africano.

El renacer del cine senegalés

Senegal está viviendo tal renacer cinematográfico que las producciones actuales se codean con las de las décadas de los sesenta y setenta, años en los que el país se convirtió en el epicentro cinematográfico africano de la mano de Ousmane Sembene.

Poniendo el foco en este país, el festival también realiza un homenaje a la figura de los griots, esos narradores de historias de África Occidental que mezclan poesía y canto para mantener con vida la tradición oral en esta zona del mundo.

La nueva generación de cineastas senegaleses han heredado la forma de hacer cine del propio Ousmane Sembene –“si los africanos no empezamos a contar nuestras historias, África desaparecerá”- y sus películas son declaraciones de amor al país y su gente.

Dentro de esta sección se proyectarán dos obras: el cortometraje ‘’Ordur’’ del cineasta Momar Talla Kandji y ‘’Baamum Nafi’’, la ópera prima de Mamadou Dia que se estrena en nuestro país tras cosechar diferentes premios como el Leopardo de oro en la categoría Cineasta del presente del Festival de Locarno 2019.

Memoria de la guerra

El segundo bloque temático del festival se centra en las secuelas que han dejado las diferentes guerras en el continente africano. El certamen se acerca a esta cuestión desde un punto de vista mandelista, es decir, siendo conscientes de que los conflictos han marcado la visión de varias generaciones pero sin renunciar a soñar con una África que esté en paz consigo misma.

Así se presentan dos cintas que invitan a la reconciliación. Por un lado, tenemos el cortometraje ‘’Troublemaker’’, en el que la directora nigeriana Olive Nwosu nos propone un sutil diálogo audiovisual entre tres generaciones que viven en una zona rural del este del país. Por otro lado, se podrá ver la cinta ‘’Aire Acondicionado’’, en la que el colectivo Geração 80 se sumerge en el asfalto de la capital angoleña para mostrarnos a una población que a pesar de sufrir una guerra civil que ha hecho jirones sus sueños no renuncian al optimismo.

Retorno al principio

El último bloque temático del festival está dedicado a la silenciosa diáspora del pueblo africano. Este tercer escalón trata de responder a una cuestión recurrente; ¿qué ocurre cuando nos marchamos de nuestro lugar de origen buscando una vida mejor?

La respuesta no tiene tanto que ver con el viaje en sí mismo sino con que nos encontramos en nuestro interior a lo largo del mismo. A esta pregunta tratan de responder el cortometraje del joven de origen burkinabé Fabien Dao a través de su dinámica ‘’Moktar’’ y el primer largometraje del pequeño país de Djibouti que llega con el título de ‘’Dhalinyaro’’ que está firmado por Lula Ali Ismaïl y que nos da pinceladas de esta cuestión a través de un grupo de jóvenes que deben tomar la decisión de estudiar en el extranjero o quedarse para intentar mejorar las condiciones de vida de su país.

Este año el festival también ofrece la posibilidad de visualizar las películas a través de la plataforma Vimeo. Una cita imprescindible para empaparse de las múltiples realidades del continente y para comprobar como la crisálida del cine africano se transforma en mariposa.