Gestionar las emociones y la vida no es fácil. Y menos cuando las circunstancias que nos rodean nos afectan a nivel social y personal. Decía Ortega y Gasset, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, que el ser humano era él y sus circunstancias. Así es y ha sido en toda nuestra historia y, por lo visto, así seguirá siendo. Superar las circunstancias ambientales, luchar contra viento y marea contra los sucesos y los elementos, es una ardua tarea. Gestionar nuestro día a día en medio de un ciclón, un terremoto, una inundación o cualquier tipo de catástrofe natural, o si nos encontramos en medio de una guerra, no es lo mismo que cuando todo se encuentra en paz y no hay que luchar para superar  los problemas que nos rodean.

En estos tiempos, de pandemias y de cambio climático que da lugar a fenómenos imprevisibles y que afectan a la vida de todas las personas, es cuando el equilibrio personal se ve más en peligro y necesita de toda nuestra fuerza, energía y positivismo para encarar el día a día.

Para afrontar la vida con éxito, y entendemos éxito fundamentalmente como bienestar y seguridad personal mediante el control y la armonización de las emociones, es necesario, antes que nada, salud física y mental. Ya hemos dicho en algún otro artículo la importancia de gestionar el estrés, pues el estrés, en una pequeña dosis, es necesario para activarnos y trabajar y pero tenemos que evitar que, en exceso, nos anule.

Mens sana in corpore sano, dice un viejo proverbio latino. Y eso debemos entenderlo como el que un cuerpo sano y saludable es la base de una mente equilibrada y que nos empuje a superar obstáculos y tratar de alcanzar un poco de tranquilidad y satisfacción con nosotros mismos.

En tiempos de crisis, como las que estamos viviendo, es importante pensar, analizar en función de quienes somos y lo que nos toca vivir, antes de actuar. Para ello es fundamental el análisis. Lo que nos ayuda y ayuda a los que queremos y forman parte de nuestro círculo personal de vida y lo que nos hace daño y nos impide avanzar. En toda conducta es fundamental el análisis. Ese análisis es lo que determinará nuestra situación  y será básico para determinar nuestro modo de vida y actuaciones concretas.  

Gestionar las emociones es también gestionar el pensamiento. Saber realmente quienes somos, qué podemos hacer y qué no. Hay que tratar de que la vida fluya, pues solo así podremos, no solo vencer a las circunstancias cuando estas son difíciles, sino también que nuestra vida no sea una continua frustración, un pozo sin agua del que, si caemos, no podríamos salir.

Las emociones son parte fundamental de la mente y el corazón. Y, si queremos gestionarlas bien, ambos deben caminar unidos.