Las islas Baleares son uno de los destinos turísticos más importantes del mundo. Mallorca, la isla más grande, es un lugar mítico desde mediados del pasado siglo y Menorca lo es también desde hace años. Son, sin embargo, las dos islas pobladas menores, Ibiza y Formentera, las que hoy atraen nuestra atención. Desde los años setenta del siglo XX Ibiza se consideró el paraíso en Europa de los hippies… y también de la gente más extravagante y libre. Y, posteriormente, este símbolo de libertad se extendió a Formentera. Dos islas con aguas transparente y calas y playas únicas que se han convertido actualmente en dos lugares donde se combina lo ecológico y lo mundano, la paz de algunos rincones y la diversión. Son dos islas donde la gente viste informal y formalmente ropa en diversos tonos de blanco que contrasta con el azul de sus cielos y la transparencia de sus aguas.

Foto: Bahia de Sant Antonio

Conocida en todo el mundo por su vibrante vida nocturna, cuna de algunas de las mayores discotecas de música electrónica como Amnesia, Pachá, Privilege, Hi Ibiza, Space o Ushuaia, Ibiza (o Eivissa) ha sido durante mucho tiempo un destino para aquellos que bailan con un ritmo diferente, y aunque los clubbers aún acuden a sus playas vírgenes y arenosas, sigue siendo una isla de muchas caras. Aquí encontrarás calas solitarias y playas aisladas de aguas turquesas cristalinas en las que ver los más bellos atardeceres del Mediterráneo, pueblos tranquilos y grandeza gastronómica. Un lugar mágico más allá de cada pista de baile donde, también, podrás disfrutar de paz, tranquilidad y vida sana. En toda la isla se respira libertad y ganas de vivir y tiene lugares paradisíacos, como Sant Antoni de Portmany, Sant Josep de sa Talaia, Cala Portinatx o Santa Eulália.

Foto: Cala Saladeta

Declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1999, una de las visitas imprescindibles es perderse por Dalt Vila, corazón histórico de la isla. Un antiguo barrio rodeado por una gran muralla construida en el s. XVI característica por sus calles adoquinadas y sus vistas excepcionales. Ahí podréis visitar una de las sedes del Museo Arqueológico de Ibiza, el otro se encuentra en la necrópolis de Puig des Molins; y también de los llamados baluartes, espacios de piedra mirando al mar donde se suelen, incluso, celebrar fiestas y bodas al aire libre. El más destacado es el baluarte de Santa Lucía, que domina el puerto.  A su alrededor, un entramado de callejuelas con todo tipo de puestos artesanos y tiendas hacen la delicia del visitante, tanto de día como de noche.

Foto: Dalt Vila

Es innegable que la isla de Ibiza guarda infinidad lugares con un encanto espectacular como  Can Marça, una impresionante cueva de más de 100.000 años de antigüedad ubicada en el acantilado del Port de San Miguel, Cala San Miguel, ideal para practicar buceo y esnórquel dada la gran diversidad de especies marinas que habitan en dicho lugar, la playa de las Salinas (Ses Salines), Cala Salada y Cala Saladeta, las más valoradas de la isla,   la iglesia de Santa Agnes de Corona, un templo que data de 1812 característico por sus dos puertas, los viñedos de Sant Mateu, para degustar la uva monastrell y garnacha o el pueblo Sant Carles de Peralta, una de las cunas del movimiento hippy de los años 60 y 70.

Foto: Cueva de Can Marça

También son visitas obligadas los hippies markets situados en Las Dalias, Es Canar, Sant Jordi y Sant Joan de Labritja, la iglesia de Puig de Missa, uno de los cuatro templos fortaleza que se erigieron en la isla como protección frente a los ataque  de los corsarios turcos y norteafricanos, Sa Caleta (también conocida como Es Bol Nou) una preciosa cala en un enclave pesquero donde podrás ver , además, los yacimiento fenicios, buscar los mejores hot spots para contemplar atardeceres al ritmo de chillout o los tambores hippies en Cala Benirras, Es Vedrá, Caló des Moro, Talamanca, una de las zonas más exlusivas de ibiza o el mítico Café del Mar; y disfrutar de una sesión matinee en Bora Bora en la Playa d’n Bossa. Asimismo, merece la pena acercarse a algunas calas a las que se puede llegar por tierra, donde el agua permite ver con claridad meridiana el fondo.

Foto: Atardecer en Es Vedra

 

Las calas secretas, que llaman los lugareños, y que son: Sa Pedrera, a la que se puede bajar si no nos asusta el riesgo de hacerlo por un estrecho camino desde lo alto de un acantilado, o la Cala D´Albarca, a la que también se puede llegar a pie con algo menos de dificultad.  También merece la pena visitar Cala Llentisca, con una bonita pasarela de madera que se adentra en el mar. Y no puedes no degustar su excelente gastronomía a base de pescado fresco y marisco, como el famoso bullit de peix.

Foto: Sa Pedrera en Cala d Hort

Formentera es, sin embargo, el destino actualmente más de moda. Una isla de poco más de 80 kilómetros cuadrados, más larga que ancha y a la que solo se puede llegar por mar. Son multitud los yates y embarcaciones que fondean en el mar a la altura de la playa de Ses Illetes y casi se puede llegar a la orilla caminando sobre el fondo de arena.

Foto: Playa de Ses Illetes

Otras playas, preservadas como patrimonio natural son las de Cala Saona, Es Pujols y Sa Roqueta. Pocas pero cuidadas en esta isla longitudinal, de enorme y salvaje belleza, que va desde el Faro de La Mola hasta Les Platgetes. También podrás visitar los hippies market de Es Pujols, Sant Ferran y el de la Mola.

Foto: Cala Saona

Considerada el Caribe español, Formentera es la perla natural de Baleares y se ha convertido en uno de los principales destinos ecofriendly por su aplaudida preservación de la biodiversidad y la riqueza natural de su patrimonio. Blanco, turquesa (conocido como azul Formentera, gracias a la planta Posidonia que baña las islas Baleares), verde y dorado, Formentera es un paraíso de tranquilidad y belleza.

Foto: Atardecer en Cala Sa Roqueta

Si queremos visitarla que nada nos arredre. Tanto Formentera como Ibiza son dos idílicos y cuidados destinos ahora y durante todo el año.