Jeanne Gang es un ejemplo de como es posible crear construcciones éticas con el medio ambiente, dotarlas de innovación y tecnología sin prescindir de un diseño vanguardista que dialogue con el entorno. Además, ha contribuido a mejorar la equidad en un ámbito que ha tardado en dar el reconocimiento que merecen las mujeres.

Nació en Illinois en 1964. Desde una edad temprana realizaba viajes junto a sus padres y sus tres hermanas el país, para visitar emblemáticas obras de arquitectura. Por aquel entonces ya mostraba interés por la pintura, a la vez que sentía gran atracción por lo tridimensional, dos aspectos correlacionados en arquitectura. La profesión de su padre que era ingeniero también le influiría en los proyectos que desarrollaría a lo largo de su carrera. Ingresó en la Universidad de Illinois dónde estudió arquitectura y, más tarde, obtuvo un máster por la Universidad de Harvard. Después, se trasladó a Roterdam donde trabajó con Rem Koolhaas, un gran referente de la arquitectura.

Finalmente, en 1997, inauguró su propio estudio en Chicago. De hecho, ha conseguido terminar con la brecha salarial en éste. Además, fue incluida en la lista Time 100 de 2019 que reconoce a las personas más influyentes del mundo por activismo, innovación y logros.

El estilo de la arquitecta se identifica con un concepto de la arquitectura que abarca tanto diseño y utilidad como un funcionalismo de carácter social además de sostenible. Los edificios tienden a formas orgánicas y sinuosas que se integran con el entorno. Un rasgo común a otros arquitectos contemporáneos que coinciden con la tendencia neofuturista de la arquitectura del siglo XXI. Los materiales utilizados suelen englobar metales, hormigón o vidrio. En cuanto a ese rasgo social mencionado, está la particularidad, pues trata de generar construcciones que inviten a la interacción entre las personas, como lugares de encuentro en el que se promuevan el uso de las habilidades sociales. Un ejemplo de ello es el Arcus Center (Kalamazoo, Michigan) un centro de liderazgo para la justicia social. Creó un interior diáfano con un lugar central que se prolonga en tres espacios. En el centro se halla la sala de estar junto a una cocina, idóneo para reunirse y que se den encuentros sociales. Las paredes del edificio están realizadas con troncos de leña, en mampostería. Se sitúa en un barrio residencial, rodeado de un campus universitario y una arboleda, la madera de la fachada se integra con el paisaje. Un edificio que evoca el espíritu del dialogo social.

Ha liderado proyectos innovadores y muy significativos como Aqua Tower, el primer rascacielos diseñado por una mujer. Se encuentra situado en Chicago, fue realizado entre 2007 y 2009, y destaca por el efecto de relieve que caracteriza a la fachada. Es una construcción multifuncional que aúna áreas recreativas deportivas, oficinas, apartamentos y un hotel. Ese efecto visual ondulante lo consigue a través de la disposición de las terrazas en forma curva combinadas con los vidrios de las puertas correderas y ventanas que, a su vez, crean un efecto agua con el reflejo de la luz. Dando como resultado una construcción escultural que enlaza con el concepto acuático de la ciudad, así como un recurso funcional que tiene como utilidad aislar del viento. La base del rascacielos es rectangular y, es a partir de la prolongación de los forjados que permitieron adecuar las terrazas de estructura curva. Para la estructura se utilizó el hormigón armado. Recibió varios galardones como el American Architecture Award de Chicago Athenaeum Museum of Architecture & Design (2008) o el International Highrise Award Finalist de Deutsches Architekturmuseum (2010).

La visión de la arquitecta estadounidense pretende aportar una adaptación en los edificios a los cambios sociales que se están viviendo como es la cuestión del cambio climático, la desigualdad, la importancia de la conversación en la sociedad. Es consciente del importante impacto que genera su trabajo y, por ello, lo ejecuta con el fin de contribuir a una futura sociedad más sostenible.