El pasado 20 de Julio fallecía uno de los escritores españoles más importantes de los dos últimos siglos y uno de los más grandes novelistas europeos, Juan Marsé. Escritor de culto y de éxito a la vez, algo difícil de compaginar (pero que él lo logró a través de su narrativa y sus espléndidas novelas), Marsé ha sido uno de los autores cuya obra ha sido más veces trasladada a las pantallas, al medio cinematográfico. Curiosamente, cuando le preguntaban por las adaptaciones de sus libros al cine, siempre decía lo mismo: “No me gustan, no tienen demasiado que ver con lo que yo he escrito, salvo, ligeramente, en el argumento. He cedido los derechos para el cine, pero nunca me he visto satisfecho con el resultado”. Y es curioso porque algunas de las películas basadas en sus obras son magníficas, aunque es difícil resumir en hora y media de imágenes y diálogos historias que, escritas y leídas, tienen siempre una dimensión mayor, más rica y profunda.

Cuando hablaba de cine, al que, a pesar de lo expuesto anteriormente, se notaba que era un gran aficionado y le daba una gran importancia social. “De niños teníamos una manera de denominar directísima a las películas: las de miedo, las de risa, las de amor, las de guerra… Las de aventuras se podían subdividir en películas de gángsters y películas del Oeste. Estaban, claro, también películas de aventuras distintas, apartado que incluye todas las de Tarzán, un personaje que me gusta por su amor a la Naturaleza y su relación con los animales, y también había películas de exploradores, películas de dibujos. Teníamos todas las divisiones clarísimas”, dijo en otra entrevista.

Para su generación, los cines de barrio, de sesión continua como los llamaban, muchas veces con programación doble (normalmente proyectaban dos largometrajes, un corto) abrieron horizontes impensables antes. Esos cines fueron la parte más destacada de la geografía de su barrio barcelonés y él los frecuentaba siempre que podía. A veces, cambiaba sus costumbres y Marsé acudía a algún cine del centro, ya que él vivía en el extrarradio. Pero sus visitas habituales fueron a cines ya en su mayor parte desaparecidos como la Sala Delicias, el Cine Mundial, el Proyecciones, el Selecto o el Roxy.

Lo cierto es que la relación entre Marsé y el cine fluctuó entre el amor y el odio, exceptuando por supuesto los grandes clásicos de la historia del Cine que él idolatraba. Pero siempre detestó, al menos en apariencia, las adaptaciones fílmicas de sus libros. El ya desaparecido Vicente Aranda llevó al cine sus novelas La muchacha de las bragas de oro (con Victoria Abril, 1980), Si te dicen que caí (con Victoria Abril, Jorge Sanz y Antonio Banderas, 1989)El amante bilingüe (con Imanol Arias y Ornella Muti, 1993

Aranda, uno de los grandes realizadores de los últimos años del siglo XX, declaró en cierta ocasión a La Vanguardia: “Mi relación con los autores muertos ha sido excelente, pero mala con los autores vivos. Me refiero a Marsé, quien, por lo menos, ha sido sincero y me ha reprochado personalmente mi falta de poesía y ternura al adaptarlo.

José Luis Guarner, uno de los grandes críticos y eruditos cinematográficos y gran amigo suyo, ante las reacciones del novelista al ver la adaptación de los libros de Marsé, le preguntó con cierta ironía y sarcasmo: ‘Pero, Juan, tú has visto las películas pero… ¿ has leído tus novelas?

Los cineastas que adaptaron sus libros fueron por orden de importancia, Vicente Aranda, Jaime Camino, y Jordi Cadena.

Marsé también colaboró en el guión de El largo invierno, dirigida en 1992 por Jaime Camino, con Vittorio Gassman y Jean Rochefort. Camino ya había filmado en 1973 Mi profesora particular, con guión de Marsé en colaboración con Gil de Biedma. Los protagonistas fueron Joan Manuel Serrat y Analía Gadé.

También “Últimas tardes con Teresa” una de las novelas lanzó a Marsé a la fama fue llevada al cine. Lo mismo que su otra gran novela, La oscura historia de la prima Montse, que fue filmada en 1977 por Jordi Cadena y protagonizada por una joven y espléndida Ana Belén.

Marsé amaba el cine, pero repetía que no el que hacían con sus textos… pero es que quizás, además de su faceta como guionista o co-guionista y narrador literario, a ese escritor fuera de serie que fue Juan Marsé, enamorado del cine desde niño, lo que le habría encantado es ser también director, realizador de cine. Oportunidades tuvo pero siempre dijo que “es demasiado cansado y necesita demasiada gente hacer cine… y yo soy un gran solitario, alguien a quien le gusta trabajar solo”.

Descanse en paz Juan Marsé, uno de los más grandes escritores de nuestro tiempo.