La Federación de la Alta Costura de París – conformada por la Cámara Sindical de la Alta Costura, la de Moda de Mujer y la de Moda de Hombre – anunció hace unas semanas mediante un comunicado, la suspensión de la Semana de la Alta Costura, prevista del 5 al 9 de julio. Como medida de protección ante la expansión de la pandemia generada por el coronavirus. Además, se ha decidido cancelar la Semana de la Moda de Hombre que se iba a celebrar también en la capital francesa, del 23 al 28 de junio.

Aunque la dirección de dicho organismo asegura que contemplaran alternativas para presentar tanto las colecciones Haute Couture otoño-invierno 2020 como las de primavera-verano 2021 de hombre.

Estas decisiones tendrán repercusión directa en la economía de la industria de la moda así como en el rumbo que las firmas tomen a la hora de lanzar las colecciones en pasarela.

Los principales compradores del sector del lujo proceden de China. De hecho, representan entre el 33% y el 35% de las compras del sector a nivel mundial. El parón en el consumo  de artículos de lujo debido a la pandemia se ha reflejado en los datos dados por el índice MSCI Europe, que indica caídas en el mercado textil y del lujo de un 23% entre los meses de enero y marzo. Grupos y compañías como LVMH, Burberry o Richmont están sufriendo los estragos que está dejando el coronavirus a nivel económico y sus acciones descendieron entre un 1,9% y un 3% en una semana, según Reuters.

Pese a este impacto económico numerosas marcas han destinado sus recursos para acabar con la escasez de material sanitario. Como es el caso de las plantas de producción del grupo LVMH en Francia, dónde se fabrican los perfumes y cosméticos de marcas como Dior, Givenchy o Guerlain. Así como las marcas Moncler o Donatella Versace que han realizado donaciones millonarias para apoyar a ciudades italianas en las que la pandemia ha instaurado un estado crítico, como Milán.

En cuanto a las pasarelas y, en particular las de Alta Costura, hay que tener en cuenta que los desfiles ya no solo son una manera de mostrar al mundo las creaciones de una casa, sino que han pasado a tener utilidad como inversión en marketing con el fin de publicitar las verdaderas fuentes de ingresos: perfumes, líneas de maquillaje y cremas.

Los precios de piezas de alta costura rondan los 60.000 euros y los vestidos nupciales pueden llegar, en modelos exclusivos, a cientos de miles de euros en función de los materiales empleados y las horas que hayan llevado su confección. Por ese mismo motivo no se considera que la presentación de estas piezas en la Semana de la Moda reporte suficiente rentabilidad a las marcas, pese a sus elevados precios.

De este modo la suspensión de las fashion weeks podría provocar un cambio en los ciclos de presentación de las colecciones y, en consecuencia, en el ritmo frenético que se ha estado desarrollando durante la última década, en el que las propias firmas se adelantan a las temporadas, y que viene influido por el sistema de producción que lleva a cabo el fast-fashion caracterizado por ser muy acelerado y producir a gran escala.

Ya hay diseñadores, incluso, como Giorgio Armani que, en una entrevista para WWD,  ha anunciado que la firma se está planteando eliminar las presentaciones Pre-Fall previas a este otoño. El diseñador se muestra más partidario del slow fashion, cuyo calendario de desfiles debería adaptarse a las necesidades reales y estacionales de los clientes. Esto permitiría mejorar vínculos con su público y reducir la exposición del stock durante las campañas de rebajas. Por otro lado ve esta situación excepcional como una oportunidad para corregir ciertos aspectos y cambios pendientes que tiene la industria, como es la sostenibilidad. Apostar por ropa sostenible podría incentivar a los consumidores a apreciar prendas más duraderas, antes que diseños más sofisticados. Por ello, la firma italiana ya ha introducido alguna medida, como alargar la temporada de verano hasta septiembre.

Otras marcas, como es el caso de Balenciaga, han pospuesto el lanzamiento de su colección – con la que se estrenaría en la Haute Couture– hasta 2021. Sin embargo, otras fashion weeks que abarcan colecciones prêt-à-porter han recurrido al uso de las nuevas tecnologías para evitar la cancelación. La Semana de la Moda de Shangai celebrada en el mes de marzo, optó por la retransmisión virtual de las pasarelas a través de Tmall, uno de los Marketplace de Alibaba Group. De esta forma los compradores pudieron adquirir los artículos en el momento, sin tener que esperar a que las colecciones llegasen a las tiendas. Y sin pasar por alto que más de 150 marcas y diseñadores de la talla de Diane Von Fürstenberg o emergentes como Angel Chen, pudieron exhibir ya las colecciones de la temporada otoño/invierno.

No obstante, la suspensión de fashion weeks y otros grandes eventos unidos a la industria de la moda, como la MET Gala o los premios CFDA, se traduce en la apertura de un nuevo abanico de posibilidades y de retos a nivel económico.

Los detractores de este sector, lo definen como elitista y frívolo. En numerosas ocasiones han criticado la poca implicación de las marcas de moda en cuestiones trascendentales, como la crisis medioambiental. Por el contrario y refutando esta afirmación, en los últimos años, se ha comprobado como una gran cantidad de diseñadores y firmas han expresado la intención de abrirse camino hacia una moda sostenible.

Quizá con esta situación general debido al Covid19  se produzca un paréntesis en la industria de la moda para establecer nuevas estrategias con las que se guie al comprador hacia un consumo más responsable y también a una modificación de planteamientos en el sector. Por otro lado puede ser el momento de rectificar un sistema que tal vez prime el exceso de producción y modular y plantear un espacio en el que convivan responsabilidad, tendencias y calidad.