La mano humana en el origen de la vida supone grandes posibilidades, pero también un conjunto de consideraciones morales. La eugenesia, que es la aplicación del estudio de las leyes de la herencia biológica para la mejora de los seres humanos, puede tener un sentido positivo, pero algún problema ético. Hoy, lo que llamamos eugenesia positiva supone una vacuna contra futuras enfermedades del que va a nacer. Las técnicas reproductivas han avanzado para superar problemas de fertilidad y minimizar los riesgos para la salud. En este último caso, la selección de embriones mediante Diagnóstico Genético Pre-implantacional (DGP) supone un importantísimo avance.

 Esta técnica consiste en el estudio y seguimiento de embriones tras una fecundación in vitro. Después de un desarrollo de cinco o seis días, un análisis genético precede al traspaso al útero de la madre de aquel embrión que presente menos riesgo de desarrollar enfermedades.

Una de las cuestiones centrales del DGPes que, a pesar de que está contemplado en la sanidad pública, son mayoritariamente las clínicas privadas las que lo llevan a cabo, por su alto coste. Los casos en los que está recomendado son variados, entre ellos las mujeres o parejas con riesgo de trasmitir alguna enfermedad, con historial de abortos anteriores, fecundación in vitro sin éxito, o aquellas con predisposición al cáncer de origen genético.En cuanto a los problemas físicos “el riesgo de dañar al embrión por el hecho de realizarle una biopsia, que es el sistema que se emplea, es inferior al 1%”. La salud de los nacidos con empleo de DGP,señalan desde la clínica Dexeus, una de las pioneras, es comparable a la de los realizados sin él.

 Respecto al marco legal, España siempre ha permitido este tipo de técnicas, con limitaciones. La Ley de Reproducción Asistida de 1988 indica que “toda intervención sobre el pre-embrión vivo, in vitro, con fines diagnósticos, no podrá tener otra finalidad que la valoración de su viabilidad y la detección de enfermedades hereditarias”, es decir, poder prevenir patologías o facilitar el embarazo, nunca para la generación de un ser humano a la carta.

Las reglas cambian según los países de Europa.  En Alemania el DGP está prohibido, al igual que en Suiza y Austria.  Francia lo limita a los casos de enfermedades graves y  Dinamarca, Suecia y Noruega, marcan un límite elevado en la gravedad de la patología, como es la ausencia de un tratamiento específico.

En general, en el mundo, la intervención humana en la generación de la vida despierta recelos en los sectores  más conservadores, fundamentalmente en países con un componente religioso importante en su población.

 La rápida evolución de la investigación puede provocar cambios en los años venideros. Fernando Abellán, especialista en Derecho Reproductivo, señala que hay lobbies ejerciendo presión para una normativa más laxa en los países avanzados. Pero que también es importante generar nuevos consensos en la materia para llevar nuevas propuestas a las administraciones públicas, con técnicas innovadoras, seguras y eficaces.  

El panorama puede resultar conflictivo. Si no se limitan los márgenes del DGP, la realidad podría aproximarse a la ficción de la película ‘Gattaça’, con cambios genéticos que dividan en castas a la población. También, según Abellán, existe la problemática de la democratización. “Las técnicas serán caras y es difícil que estas terapias vanguardistas lleguen a todos los que la necesiten”.

 El progreso modifica, cada día, la realidad y produce mejoras en la Humanidad. 

SUSCRIBETE A MEIK MAGAZINE