El mundo confía ganar la batalla a la pandemia originada por la enfermedad del COVID-19 gracias a la ciencia. Las recomendaciones que reciben los gobiernos para aplicar las medidas con las que hacer frente a la enfermedad vienen dadas precisamente por los profesionales de este campo. O lo que es más importante, gracias a ellos podemos decir que cada vez se está más cerca de hallar una vacuna que genere inmunidad y, en consecuencia, vencer a la enfermedad.

Grupos de investigación de numerosas partes del mundo participan en la carrera por encontrar la vacuna. Sin embargo, unos gozan de factores que les brindan ventaja frente otros. Uno de esos factores, es la investigación y desarrollo (I+D), un componente que supone la adquisición de conocimiento y competencias para generar innovación.

En los últimos años se ha comprobado que destinar dinero y fondos a la ciencia y la tecnología permite a las empresas la mejora en los procesos, el diseño de nuevos procedimientos y productos y servicios novedosos. Por este motivo es indiscutible su valor como motor efectivo y fundamental para incrementar la productividad de las empresas y potenciar la economía del país.

Estados Unidos se posiciona como el mayor inversor en desarrollo tecnológico, aunque se prevé que China le supere en 2025. Por otro lado, en Europa, países como Alemania, Austria o Suiza se mantienen alrededor del tercer puesto de inversión en I+D en relación a su PIB, mientras que Francia o Bélgica se quedan atrás, a pesar de superar el 2%.

La pandemia ha establecido una situación que ha excedido las previsiones   de aquellos países a priori más potentes y que parecían estar mejor preparados. Es el caso de Estados Unidos, que ha optado por un confinamiento parcial y hacer que siga funcionando la economía pese al riesgo de que haya más infectados e incluso la pandemia pueda cobrarse más vidas. Una posición mixta que contrasta con la de otros países europeos y de América del Sur que han optado, pese al golpe que supone para la economía, priorizar, sobre todo, el aspecto sanitario.

En el caso de España, la inversión en I+D suponte el 1,24% sobre su PIB según la Fundación COTEC. Si a este dato se añade que la financiación ofrecida por el gobierno a aquellos laboratorios que investigan a contrarreloj con el fin de encontrar una vacuna contra elCOVID-19  se encuentra supeditada a préstamos con la exigencia de garantías y retornos financieros podemos observar que la presente política de I+D resulta es pequeña e insuficiente, a pesar de que últimamente se hayan realizado inversiones específicas en el campo concreto de la investigación sanitaria, liderada por uno de los grandes epidemiólogos e investigadores del mundo, el doctor Enjuanes y su equipo.

Países líderes en I+D como Corea del Sur, Taiwán o Japón que invierten enérgicamente tanto en robótica, biotecnología, nanotecnología o energías renovables, han hecho frente de forma  muy eficaz al coronavirus. De hecho, han pasado a ser los países de referencia para combatir la propagación de la pandemia.

En lo que respecta a Corea del Sur, en el año 2017 registró un gasto del 4,55% sobre su PIB en inversiones de I+D, según los datos de la fundación COTEC. Estas inversiones han conseguido importantes avances en ocho áreas de actividad – entre las que se encuentra el sector biosanitario – lo que estimularó un crecimiento superior al 10% de estas actividades a lo largo de 2017, según los informaciones del diario ‘The Korea Herald’ que reflejan datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Esto ha reportado, durante los últimos años, grandes beneficios al comercio exterior surcoreano, del cual se nutre un tercio de su PIB, además de ocasionar un repunte en la calidad del mercado de trabajo.

Es indiscutible el crecimiento económico del país asiático en los últimos años lo que le ha convertido en una de las economías más avanzadas del mundo. Además hay un gran impulso de las startups, concediendo mucha importancia a la innovación lo que les ha colocado como uno de los países líderes en emprendimiento y oportunidades para empresas pioneras en numerosos ámbitos. Como resultado, Corea del Sur presenta una sólida estructura de investigación, tecnología e industria, tres ejes de máxima importancia, lo que ha supuesto, en el caso del corona virus la posibilidad de combatirlo mejor que en otros lugares del mundo..

Sin I+D es difícil que las pequeñas empresas tecnificadas y especializadas salgan adelante y, por tanto, las cadenas productivas locales en dispositivos médicos, textiles avanzados, impresión 3D o biofarmacia sean mínimas o casi inexistentes. Un factor que habría socorrido a Italia y España respecto a la primera falta de la falta de equipos sanitarios específicos para combatir la enfermedad y que ha beneficiado a países como Alemania que siempre ha apostado por un modelo que apoya a ese tipo de  empresas, tal y como explica Xavier Ferras – profesor de ESADE – en uno de sus artículos.

El COVID-19 representa un punto de inflexión para reflexionar sobre un panorama económico que ha ido cambiando a lo largo de la última década y en el que han cobrado  gran valor el desarrollo y la investigación como herramientas de innovación y conocimiento para impulsar nuevos proyectos y empresas que aporten al mercado alternativas novedosas y resolutivas con las que a largo plazo se obtengan beneficios, no sólo económicos- sino también sociales. Este es el caso de muchos países del mundo que se encuentran faltos de investigación y desarrollo de recursos en muchos campos y, más concretamente, en el sector que nos ocupa, el sanitario, tan necesario para solucionar problemas, incluso tan imprevistos, como la gran pandemia que asola al planeta.