Se cumplen 40 años del asesinato de John Lennon. Su legado está escrito en su música pero aprovechamos la efemérides para hablar de su faceta más díscola: la de un hombre comprometido con su tiempo y siempre en constante inquietud.

Nacer en un bombardeo y morir en un tiroteo después de pasarse la vida cantando a la paz, puede ser un reflejo de la contradicción que supuso la vida de Lennon… o pura poesía para los románticos. Vivió batallando.  Primero contra la disciplina que le trató de imponer su tía Mimi, con la que se crió. Su madre decidió que fuera su hermana la que cuidara de su hijo – tenemos la canción Mother como testigo – mientras ella se volvía a casar. Para cuando recuperaron su relación el destino les jugaría otra mala pasada y Julia moría atropellada. Lennon tenía 17 años y nunca se recuperó.

“Somos más famosos que Jesucristo”

Su famosa frase “Somos más famosos que Jesucristo” le costó un conflicto con el Vaticano desde donde le “condenaron” por semejante blasfemia mientras católicos de todo el mundo hacían hogueras con los discos de los Beatles. En 2008 le perdonaron aludiendo a que aquellas palabras eran fruto de la confusión de un joven de clase obrera sobrepasado por el éxito.

Tras este incidente su manager les prohibió escribir sobre política, voluntad que respetaron hasta la muerte del mismo. Sin embargo, tras el fallecimiento de Epstein rompieron su tendencia apolítica con Revolution cuya letra está dedicada a las revueltas del Mayo francés en apoyo a los jóvenes en las calles parisinas. Desde entonces fue un no parar.

Casarse con las revoluciones por el placer de enviudar.

En 1969 devuelve su medalla de Miembro de la Orden del Imperio Británico (concedida en 1965) en protesta por la intervención británica en Nigeria y por el apoyo británico a la Guerra de Vietnam. El mismo año en que se casa con Yoko Ono y convierte su luna de miel en Amsterdam en un acto de protesta. Sería la primera de las que llamadas “encamadas por la Paz” que consistía en pasarse una semana en la cama recibiendo a periodistas para difundir el discurso pacifista. Repitieron en Montreal esta vez dando lugar a un himno de las protestas contra el conflicto vietnamita Give Peace a Chance. Lennon ya había declarado que el “sistema” no sabía actuar frente a la no violencia y el humor,  los ingredientes clave que posee esta canción.

“Siempre he sido propenso a lo político, ¿sabes?, y estoy contra el statu quo. Es lo básico cuando creces, como yo, odiando y temiendo a la policía como un enemigo natural y desprecias al ejército como un ente que se lleva lejos a tantos  y los abandona, muertos, en alguna parte”

 El desarrollo de la guerra de Vietnam, el impacto de las sectas religiosas, la discriminación racial… llevó a Lennon a dar un paso más. Ir más allá de la música y comprometerse en sus declaraciones, en sus acciones antibélicas, en performance o campañas publicitarias financiadas con su propio dinero. Pagó un alto precio por ello, no solo económicamente, que le llevó a una persecución política y personal sobre todo en Estados Unidos.

Nunca fue un personaje cómodo y eso le valió, incluso en vida, algunas admiraciones encendidas y profundas de una naturaleza que ninguno de los otros Beatles consiguió despertar. Lennon siempre estuvo en guerra con el mundo.

 Lo curioso es que en su última entrevista concedida aquel fatal 8 de Diciembre parecía haber encontrado un tímido equilibrio. Dentro de abrazar sus contradicciones había recuperado las ganas de contar, sin autodestruirse ni inmolarse. No quería ser un héroe, quería cambiar las cosas.

Algo sí que lo ha conseguido.