En el prólogo del libro “Lisboa”, de Miguel Pastrana de Almeida, están escritas estas palabras: Lisboa es una ciudad mítica, una ciudad que es faro, vigía, la última gran capital del territorio europeo y de la que la leyenda cuenta que fue fundada por Ulises en un alto de su permanente viaje. Lugar donde el mar se adentra en el infinito misterio”. Creo que es un buen modo de comenzar a hablar de esta maravillosa ciudad, antigua y señorial y, a la vez, moderna y viva. 

Lisboa es un lugar que nace y renace, a pesar que ha sido casi destruida dos veces a lo largo de los siglos por terremotos, incendios y todo tipo de desastres naturales. Pero ahí está, bella e incólume para el viajero, llena de preciosos y típicos rincones que la hacen única. 

La ciudad de la saudade, la ciudad que vio nacer a uno de los más grandes poetas de todos los tiempos, Fernando Pessoa, abre sus puertas al viajero con sus monumentos, el folklore de sus maravillosos fados, sus barrios llenos de Historia, como Alfama – la parte vieja marinera – Belem, La Baixa, el Chiado o el Barrio Alto. Y sus plazas únicas, centro de la ciudad, como  la Plaza del Marqués de Pombal, la Plaza del Comercio o la Plaza del Rossio, estas dos últimas unidas por la calle comercial más antigua de Lisboa, llena de tiendas y restaurantes, y a uno de cuyos lados se encuentra el gran ascensor metálico que nos lleva a lo alto de sus empinadas calles centrales. 

Desde la Plaza del Comercio podemos caminar hasta el imponente Monasterio de Os Jerónimos, que está declarado patrimonio de la Humanidad, y a cuya vera se encuentra la pastelería más famosa de Lisboa, Pastéis de Belem, donde siempre hay largas colas para comprar o degustar sus dulces y productos de bollería recién horneada, absolutamente deliciosos. Muy cerca, a un paso, está la famosa Torre de Belem con su monumento a los Descubridores portugueses.

Otro importante lugar de visita es el Castillo de San Jorge, en el barrio de El Castelo, donde se encuentra un mirador de gran belleza, el Mirador de Graca. Desde allí podemos coger uno de los bonitos y antiguos tranvías amarillos que circulan por la ciudad e ir al barrio de la Estrelha y visitar su preciosa Iglesia y el parque que se halla enfrente, con bancos de azulejos y árboles de distintas especies.

Pero el auténtico centro turístico de Lisboa es la Plaza de Rocío desde la que parten las calles más importantes de la ciudad y que está llena de restaurantes y bares y alberga al gran Teatro Nacional. Cerca se encuentra el Chiado,el barrio bohemio, donde es de visita obligada el famoso café A Brasileira, el lugar donde Pessoa escribía diariamente sus poemas y en cuyo exterior se encuentra la estatua de bronce que conmemora al escritor.

Subiendo, un poco más allá, está el Barrio Alto y allí podemos disfrutar de los mejores espectáculos de fados de Lisboa. De noche, entre velas, escuchar un fado es una de las experiencias únicas para el viajero.

Mucho más tiene la ciudad, como el espléndido puente 25 de Abril, sobre el Tajo, parecido al famoso puente sobre la Bahía de San Francisco y que, en su momento fue el más grande de Europa. Pero, aunque Lisboa da para no salir de ella es obligado visitar la pequeña e histórica ciudad de Sintra, patrimonio toda ella de la Humanidad, con sus palacios y sus murallas, un lugar que parece sacado de un cuento de hadas. Ah, y no olvidar también la visita a Estoril y Cascais, donde se encuentra la Boca do Inferno, entre sus acantilados, y también, alrededor de la población, algunas de las playas más bonitas de Portugal.

En suma, Lisboa es uno de los lugares más bellos del mundo. Y más variados en sus monumentos, calles y lugares. Una ciudad inolvidable para cualquier viajero.