Son ya varias las versiones llevadas al cine de Mujercitas( Little women) pero, sin duda, la última estrenada (la de la directora norteamericana Greta Gerwy) es la que más me ha impresionado. Es realmente difícil quitarse de la mente esta película, sobre todo si la autora de esta reseña es alguien independiente y amante de la libertad y desarrollo de la mujer y es, además, una mujer ella misma.

Ver a Jo ( Saoirse Ronan), Beth ( Eliza Scarlen), Meg ( Emma Watson) y Amy ( Florence Pugh ) en esta admirable y reflexiva adaptación con espléndidas imágenes y diálogos profundos, donde se impulsa la defensa del arte y la cultura — representadas en sus diferentes modalidades (literatura, Jo, interpretación, Meg, música, Beth, y pintura, Amy) por parte de cada una de ellas —  es una experiencia deliciosa e impactante para el espectador. Hay una extraordinaria manifestación de vitalidad en toda la película, en  la que paisajes, música  y vestuario, cobran un protagonismo excepcional, apoyando el hilo conductor de la concienciación en la lucha por la libertad,  autosuficiencia y reclamación de los derechos como mujeres independientes.

Mujercitas, adaptación realizada para la gran pantalla por Gerwy, con la colaboración en el guión de Sarah Polley, resulta inolvidable. Sobre todo cuando, quien esto escribe, ha visto las diferentes versiones realizadas anteriormente (también el excelente film protagonizado principalmente por Wynona Ryder).

La versión de Greta Gerwy está cargada de positivismoy en ello no es diferente de las anteriores, pero lo que la diferencia, además de su virtuosismo técnico, es el cuidado de las conversaciones, las reflexiones implícitas y explícitas de sus protagonistas, que llevan también a la reflexión al espectador. Uno o una, da igual el género, termina por enamorarse de esa Jo y sus hermanas que navegan fuera de su tiempo, que se rebelan contra su condición social y personal y el papel conformista de las mujeres en la época.

La película y sus pequeñas y valientes mujercitas, las hermanas March, emocionan hasta el límite. Nos hacen llorar, amarlas, entregarnos a ellas.También la tía March, soberbiamente interpretada por esa gran actriz que es Meryl Streep, nos llega al fondo con su discurso sobre la necesidad de la independencia de la mujer, en un siglo, el XIX, donde esto era casi imposible, pues solo siendo rica una podía decidir.

Y qué decir de la conmovedora madre, que encarna con dulzura pero a la vez con tanta honestidad y grandeza, la veterana y fantástica actriz Laura Dern. Y del protagonista masculino, Timothee Chalamet, que, aún en un segundo plano, nos hace sentirle cercano por su capacidad de entender, a su manera, a cada una de las cuatro hermanas.

Un vestuario magistral, obra de la ganadora de un Oscar por Anna Karenina, Jacqueline Durran, la ambientación y la gran partitura musical de Alexandre Despiat, junto a una cuidada fotografía y planificación, así como el ya comentado espléndido reparto, completan esta extraordinaria película que, como el libro de Alcott–no hay que olvidar que el argumento parte de él –abre puertas al verdadero feminismo: el de la igualdad de derechos y posibilidades para todas las mujeres que crean y sientan que, a través de la capacidad y el esfuerzo, pueden llegar a ser libres y desarrollar su vocación y vida plena en la sociedad.

Mujercitas,nominada con todo merecimiento a 6 Oscars ( Mejor película, Mejor actriz, Saoirse Ronan, Mejor actriz de reparto, Florence Pugh, Mejor banda sonora, Mejor guión adaptado y Mejor diseño de vestuario) es una película con una mirada romántica, soñadora y sensible, cargada de un discurso atemporal absolutamente inspirador que ya la ha convertido en uno de los clásicos del cine imprescindibles y que ninguna persona, hombre o mujer, se debería perder.

Por Guillermina Mekuy

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