El alma y el cuerpo se retroalimentan el uno al otro. Nuestro espíritu, esa parte que parece dirigir nuestros actos a partir de nuestros deseos, está íntimamente relacionado con todas y cada una de las partes de nuestro organismo. La mente y el cuerpo forman parte de un todo que necesita funcionar perfectamente en su conjunto y para ello es necesario que todas las partes de ese todo estén perfectamente alimentadas. Hablamos de alimentación en todos los aspectos, no solo desde el punto de vista de aportación nutricional de todos los elementos necesarios para la vida física (alimentos, oligoelementos, vitaminas…) sino también desde el punto de vista emocional.

Toda emoción se manifiesta a través del cuerpo de cada persona. De hecho músculos y glándulas reaccionan físicamente, como todos podemos constatar, a las emociones. La pena y la tristeza producen llanto y la alegría, la felicidad, nos hace sonreír. Y nuestra cara refleja todas las emociones. No hay nada más verdad que ese refrán que dice que la cara es el espejo del alma.

Hay dos elementos fundamentales para que todo funcione y sin los cuales la base de nuestras acciones estará siempre debilitada: una alimentación equilibrada y las necesarias horas de sueño. Los alimentos mantienen la energía del organismo y el sueño la repara. Pero hay algo más: necesitamos algo fundamental en todo proceso humano: CONTROL Autocontrol, mejor dicho, regulación de todas nuestras funciones.

Como hemos dicho al principio, alma (entendiendo por alma aquello que produce el pensamiento y es el lugar de origen y destino de las emociones) y cuerpo  (ya sabemos que, para un pensamiento práctico positivista, el cerebro lo es también) interactúan constantemente. Llegados a este punto, de todas formas, me gustaría puntualizar que si aceptamos comúnmente que en nuestro cuerpo es donde habita el alma, muchos pensamos que también reside en el corazón y en la energía luminosa que rodea nuestro ser.

La base de todo es el equilibrio. Y aquí entran como soporte lo que llamamos la voluntad y los hábitos. Los hábitos queridos, deseados y asumidos, proporcionan rutinas positivas que equilibran nuestros niveles de energía y permiten un desarrollo armónico, no solo de nuestros órganos físicos, sino de nuestro estudio, trabajo, actividades intelectuales y de aprendizaje.

Sin embargo, hay elementos exteriores que hay que analizar y que también tenemos que controlar en la medida de lo posible, en la medida de nuestra capacidad y nuestras oportunidades y posibilidades. Por ello para una buena NUTRICIÓN EMOCIONAL es necesario que no haya elementos que se conviertan en hábitos negativos y que puedan llegar a dominarnos (drogas, alcohol, fumar) elementos que nos pueden crear obsesiones y dependencias y que pueden afectar a nuestra libertad de comportamiento e impedir mantener un cuerpo y una mente sanos.

También los desórdenes alimenticios juegas un importante papel. Normalmente tienen un origen psicológico ya que vivimos en una sociedad sometida a estrés y a estereotipos que pueden deformar nuestra percepción de la realidad (anorexia, bulimia). Pero sin llegar a extremos como los citados, hay también pequeños hábitos alimenticios que nos descompensan física y psicológicamente. Picar entre horas es uno de ellos. A veces la sensación de hambre es psicológica y no controlar pequeñas acciones puede llevar a la pérdida de ese control personal tan necesario. ¿Es eso coartar nuestra libertad? No, al contrario, es favorecerla… puesto que una persona es más libre cuánto menos dependiente es.

Para finalizar queremos resaltar que, sobre todas las cosas, es necesaria una buena y adecuada información. Y para ello no hay que fiarse en temas tan fundamentales como de los que hemos hablado, y en los que intervienen la psicología y el cuidado del cuerpo y la nutrición, de informaciones superficiales o de cosas que hemos oído sin contrastar. Internet es una fuente de conocimiento. Pero todo debe ser contrastado. Y, en los temas que nos ocupan, cuando surge un problema, debemos atender los consejos y experiencia, siempre, de un o una buena profesional.