Todos los años, al llegar a esta fecha, a punto de cerrarse la puerta del año anterior y abrirse la que da paso al nuevo año, todos sentimos que un tiempo se va y que otro llega. Cada Nochevieja las personas acumulan recuerdos y alimentan deseos. Cada uno según su vida y sus circunstancias. Cada uno según sus sueños.

Este año 2020 ha sido duro para muchos. Algunos han perdido a familiares y amigos que se han ido. A veces de modo inesperado. El 2020 ha traído al mundo una enfermedad nueva y con ella, desasosiego e incertidumbre. Y nos ha hecho plantearnos a todos lo importante que es tener salud, poder vivir sin la amenaza de que caigamos enfermos gravemente. Por eso quizás el primer deseo de Año Nuevo deba ser, y lo es de esta revista y de todos los que formamos parte de ella, el que haya salud, que las personas en todo el mundo puedan hacer frente a algo que nadie pensaba que podía ocurrir. Algo tan pequeño como un virus y que, sin embargo, es capaz de vencer incluso a los más fuertes.

Esto nos debe hacer también, crecer en solidaridad y en humildad. Darnos cuenta de que todos formamos parte de la Humanidad y que, por encima de orígenes, razas, género, religiones e ideas, todos formamos parte de la gran aventura humana. Una aventura que nació hace muchos siglos y que ha costado dolor a muchos, pero también la alegría de vencer obstáculos, de progresar y hacer que el presente sea mejor que el pasado y el futuro sea una meta en la que las estrellas de la Navidad no sean efímeras y brillen permanentemente en el horizonte del planeta.

Pero también están los pequeños propósitos y deseos personales. Recuerdo que, de pequeño, siempre hacía una lista de aquello en que pensaba podía ser mejor. Esa lista debemos seguir haciéndola todos y todas. Y escribir, apuntar, lo más importante.

Una de las cosas más importantes es la familia. Porque en ella crecimos y con ella crecemos. Y otra son los buenos amigos y amigas, las personas que caminan junto a nosotros y están cuando necesitamos un apoyo, una mano, sujetarnos a una ilusión.

Pero nosotros también debemos ofrecer ese apoyo y esa mano a los que nos necesitan. Decía Beethoven: “la bondad es el único signo de superioridad que de verdad reconozco en el ser humano. Y lo decía un genio, alguien superior a todos como músico y artista. Alguien que logró el éxito y la fama. Por eso, lo primero que debemos pedir al nuevo año, a nivel personal, es algo que pedíamos inocentemente de niños: ser buenos. Buenos, solidarios, generosos, dispuestos a mejorar nuestra vida y la de los que nos rodean y la merezcan. Y alejarnos, olvidar, o luchar, contra los males de este mundo, que son muchos y sabemos cuales son.

Que cada uno hagamos nuestra lista de propósitos. Pero que haya uno que compartamos todos: que 2021 nos llene nuevo de alegría y esperanza. Que así sea.