Los cambios tecnológicos avanzan a un ritmo vertiginoso y la sociedad no los asimila con la misma celeridad. Las redes sociales son una herramienta muy potente para la que los usuarios todavía no están suficientemente formados para su uso e integración en su vida cotidiana.

Un estudio realizado por la Chicago Booth School of Business señalaba, hace ya cinco años, que Facebook, Twitter y otras redes sociales tienen una capacidad de adicción mayor que la del tabaco o el alcohol porque, entre otras cosas, acceder a ellas es fácil y gratuito.

Lo cierto es que el uso de las redes puede generar serios problemas personales y adicciones con sus consiguientes consecuencias de ansiedad, depresión, irritabilidad, aislamiento, alejamiento de la vida real y de las relaciones familiares, pérdida de control, etc. 

Entre las causas más reconocidas de la adicción a las redes sociales se encuentran la baja autoestima, la insatisfacción personal, la depresión o hiperactividad e, incluso, la falta de afecto, carencia que con frecuencia los adolescentes tratan de llenar con los famosos likes. El perfil mayoritario del adicto es el de un joven de entre 16 y 24 años. Los adolescentes son los que tienen mayor riesgo de caer en la adición, según los expertos, por tres motivos fundamentales: su tendencia a la impulsividad, la necesidad de tener una influencia social amplia y expansiva y, finalmente, la necesidad de reafirmar la identidad de grupo.

Como en todas las adicciones, prevenir es más fácil que curar, por lo que te animamos a que prescindamos del móvil en momentos clave del día como son desayuno, comida o cena y deshabilitemos las notificaciones automáticas. 

Compartamos nuestro tiempo con la realidad y las personas que nos rodean y dejemos los entornos virtuales para conectarnos cuando lo necesitemos realmente, tanto en nuestra actividad laboral como en la lúdica, cuando queramos abstraernos y buscar un poco de relax, información o descanso.