Así empieza una canción universalmente conocida, un éxito musical que se ha quedado casi como un himno de esta maravillosa ciudad de Andalucía que cada año recibe millones de viajeros de todos los países. Sevilla no es solo una de las ciudades más importantes de España sino la capital del folklore andaluz, cuna del flamenco y lugar donde se celebra la Semana Santa más conocida del mundo. Ello unido al carácter alegre y positivo de los sevillanos y, últimamente, a los éxitos deportivos internacionales de los dos clubs de fútbol de sus amores, el Sevilla C.F y el Real Betis Deportivo, han puesto de moda a una ciudad tan bella como diferente a todas las demás ciudades del planeta.

Cálida y llena de luz, Sevilla, la antigua Híspalis romana, es una de las ciudades que acogen al viajero con más singularidad. Desde siempre, pero más desde la Exposición Universal de 1992, Sevilla es un lugar que todo el mundo desea conocer. Una ciudad, para el que la visita, inolvidable por muchas razones. La primera su belleza y tipismo. Sus calles y plazas típicas hacen que caminar por Sevilla sea una experiencia diferente a la de hacerlo por otras ciudades.

Toda Sevilla es peculiar también por sus monumentos. La Giralda, símbolo de la ciudad, a un flanco de una de las catedrales góticas más grandes y bellas del mundo, es una torre de impresionante altura, llena desde su base a su cúspide, de arabescos grabados sobre ella. Porque árabe fue su primera construcción y la impronta de la época de más esplendor de la cultura árabe se refleja en ella.

Cerca de la Giralda está el Barrio de Santa Cruz, que comienza en las murallas del maravilloso Alcázar, y que es un barrio de callejuelas estrechas llenas de sabor y rincones turísticos, y también de jardines y naranjos, en su interior. El barrio de Santa Cruz y su principal placita, la Plaza de Doña Elvira, han sido objeto de canciones y coplas famosas desde hace años. Cuando bajas por la última calle de este barrio único  desembocas en los Jardines de Murillo, al lado de la casa donde nació y vivió el pintor, y, más adelante, encuentras el Parque de Maria Luisa, con su impresionante Plaza de España y su arquitectura de media luna, sostenida por una magnífica columnata,  y que ha sido escenario de inolvidables películas, como Lawrence de Arabia, rodada en parte allí.

Son muchos los monumentos destacados, como las impresionantes columnas de la Plaza de la Alameda de Hércules, así como escudos e inscripciones grabadas en piedra conmemorativos de los emperadores Adriano y Trajano, nacidos en Sevilla, en Itálica (lo que es el actual Aljarafe)  parte de la Bética, que era una de las grandes provincias del Imperio. Ambos tienen, además, dos importantes calles a su nombre en el centro de la capital andaluza.

Pero encontramos edificios singulares por doquier, como la antigua Fábrica de Tabacos, el Palacio de los Duques de Alba, o la Torre del Oro, a orillas del Guadalquivir…y muy cerca, la plaza de toros más celebrada del mundo, La Maestranza, tanto por su historia como por no ser redonda, con su coso de forma singular. El Guadalquivir es, además, el rio que separa la parte central de Sevilla del barrio más popular y alegre de la ciudad, el de Triana, con su famoso puente, sobre el que, en Semana Santa, se puede asistir a la procesión de los pasos más queridos del barrio, como la Virgen de la Esperanza y El Cachorro, una imagen venerada por su perfección escultórica, en la que el Cristo muestra toda la agonía y humanidad que la tradición religiosa conserva.

Porque Sevilla es eso, divina y humana. Ninguna otra ciudad en el mundo es más colorista y variada, ninguna otra deja en el viajero una impresión mayor. La primavera sevillana es la mejor época para visitarla, pues, inmediatamente después de la Semana Santa, llega la Feria de Abril, un espectáculo digno de verse y vivirse. Allí toda Sevilla baila y canta, se eleva sobre las penas y problemas de este mundo y estalla en un espectáculo de luces y colores que impresiona al que la visita.

¿Qué decir más de Sevilla? Cualquier cosa es poco. Porque tiene tantos rincones y calles… Como la Calle Sierpes, en uno de cuyos extremos se encuentra la confitería más antigua de la ciudad, La Campana, de obligada visita, o la calle Cuna, llena de comercios y paralela a ella… así como las plazas de El Salvador, La Alfalfa, la Plaza Nueva, la del Duque, sin olvidar dos puntos esenciales emblemáticos para todos los sevillanos, las Basílicas de la Macarena y la de Jesús del Gran Poder.

Son tantos los elementos que la hacen única, incluida su gastronomía y  museos, que podemos concluir diciendo que toda Sevilla es una obra de arte que, cuando la conoces, se queda para siempre en el corazón.