En medio de una llanura situada en el núcleo económico de la costa de Bohai (Tianjin, China) se divisa una masa blanca, majestuosa y con aire vanguardista,  Shimao – The Wave, un museo que enfrasca un espacio en el que conviven la cultura, la educación y el entretenimiento. El creador del proyecto es el estudio chino Lacime architects, quienes eligieron un entorno especial con el fin de expresar el diálogo poético que mantiene con la obra.

Y es que como bien nos indica el nombre con el que fue bautizado, el edificio emula una ola que confluye con el cielo y el hombre. De tal modo que la construcción supone un punto de conexión entre espacio, personas, el sol, el aire y el mar.

El área se organiza en tres elementos principales: el museo de arte, un teatro al aire libre y un espacio público. Todos ellos vinculados con la playa circundante. El museo de arte se eleva sobre el suelo creando un efecto flotante. Además, la construcción cuenta con varias terrazas al aire libre en las que el visitante puede sentir esas energías naturales que dialogan con el interior.

El vestíbulo es el epicentro de la estructura y se caracteriza por un tragaluz que contrasta con la oscuridad de la estancia. Se encuentra cubierta por tres cortinas de agua combinadas con detalles de acero inoxidable generando en el visitante una experiencia visual y táctil muy relajante. La primera planta cuenta con una sala de reuniones y un baño mientras que la segunda reúne las salas de la galería principal, las terrazas, una biblioteca y la cafetería. A Uno de los pabellones, se accede a través de un paseo marítimo.

La iluminación del segundo piso viene marcada por una pared de láminas de un vidrio muy ligero por lo que la entrada de luz es directa y las vistas al mar, espectaculares. Asimismo, consigue unir el interior y el exterior.

Desde los acabados de la planta superior, las telas que adornan el techo, el suelo cuidadosamente pulido, los muebles curvilíneos, los vidrios hasta las esculturas “burbuja” tratan de evocar la esencia del mar.

En cuanto a la estructura, es pertinente mencionar dos aspectos técnicos que se aplicaron para su materialización: un diseño paramétrico gracias a la tecnología BIM. La fachada del edificio es magnética a la visión sobre todo por la disposición de las placas de aluminio que la componen, ya que se encuentran escaladas. De esta manera, las paredes reflejan la luz desde diferentes ángulos según la hora del día. A su vez, la piscina que rodea la construcción crea efectos al reflejarse en las placas. Además, esta estructura en forma de cáscara sustituye a las columnas, supliendo el espacio mediante la división en tres secciones que equilibran la tensión del edificio en cada dirección, partiendo de un núcleo central de hormigón. La tecnología BIM se encarga de lograr esa armonía entre las trece mil placas que componen la estructura y lograr una composición rítmica en espiral ascendente. Por ello, se puede percibir visualmente que el techo y la fachada forman un diseño totalmente homogéneo, depurado y equilibrado a la vez que funcional.

Un proyecto arriesgado que se demoró debido al parón que provocó la crisis económica de 2008 y fue terminado en 2019. De un estilo orgánico, muy en la línea de los arquitectos contemporáneos, transmite la fluidez, el movimiento y el equilibrio que guarda el mar.