Zaha Hadid concibió su trabajo arquitectónico como una transformación de la visión del futuro, con nuevos conceptos y formas visionarias. Zaha se posicionó a lo largo de su vida a la altura de los más grandes arquitectos convirtiéndose en la primera mujer que ganó el Premio Pritzker en el año 2004, con lo que revolucionó un gremio en el que la figura femenina había permanecido en un segundo plano. Ella nos ha legado una  visión personal y única de la arquitectura del siglo XXI, y consiguió crear obras y diseños llenos de originalidad, fuerza y vanguardismo.

Zaha Hadid nació en Bagdad (Iraq), en 1950. Hija de Wajiha al-Sabunji, una artista de Mosul,  y de Mohammed Hadid, un político iraquí que defendió los valores democráticos en el país, estudió matemáticas en la American University de Beirut para más tarde trasladarse a Inglaterra dónde recibirá el diploma de la Architectural Association de Londres. Allí, conocerá a arquitectos muy prestigiosos –como Rem Khoolhaas – que tendrán gran influencia en la visión arquitectónica de Hadid.

En 1980 fundó su propio estudio de arquitectura en la propia ciudad londinense, donde estableció su residencia. Aunque durante esa década y los años 90 sus creaciones no fueron más allá de los bocetos, en el año 1988 todas esas ideas de proyectos plasmadas en papel fueron expuestos en el MOMA de Nueva York, lo que le permitiría hacer realidad su primera obra. Se trata de la estación de bomberos de la fábrica de Vitra (Alemania), construida en el año 1994. Una edificación escultórica en la que se aprecian las formas gracias a la imperfección que provoca la asimetría en que se basa.

También dedicó gran parte de su carrera a la docencia, impartiendo clases en las mejores universidades del mundo como Harvard, Yale, la Universidad de Artes aplicadas de Viena, la HFBK de Hamburgo o la misma escuela en la que se formó en Londres.

Además, diseñó tanto espacios interiores como mobiliario e incluso productos de consumo como el Z.CAR, un prototipo de coche de tres ruedas y que funciona con un motor de hidrógeno, así como unos zapatos que lanzó con Lacoste o su propia versión de la “Bucket bag”, para Louis Vuitton.

Las obras de la arquitecta iraquí se identifican por un carácter deconstructivista que propone la segmentación de estructuras que generan espacios desintegrados y desencadenan formas irregulares. Esta corriente destruye la idea de que las construcciones deban ser simétricas para alcanzar proporción, potenciando las asimetrías.

Por otro lado, sus obras se relacionan con el movimiento de  la arquitectura del siglo XXI conocido como neofuturismo. Las creaciones de Zaha Hadid constan de una gran complejidad técnica y la utilización de materiales novedosos que son incorporados gracias a la aplicación de la tecnología en el proceso de ejecución, como parte integrada en las instalaciones de los edificios. Un factor común a esta corriente es que parte del ideal de reunir arte, tecnología y ética. De esta manera, las estructuras de Zaha Hadid crean una visión de los edificios que formaran parte de las ciudades del futuro.

Así lo demuestran diseños como el Pabellón-puente de Zaragoza, construido para la Exposición Universal de 2008 o el Centro Acuático de Londres, levantado con motivo de los Juegos Olímpicos de 2012.

Las edificaciones de Hadid constan de cierta estética minimalista, con un predominio de las curvas que generan fluidez y movimiento, además de recurrir a la plasticidad en las formas y el diseño de terminaciones angulosas que logran patrones evocadores y futuristas. Como resultado, las construcciones quedan impregnadas de dinamismo y de un lenguaje escultórico.

El Centro de Arte Contemporáneo de Lois & Richard Rosenthal en Cincinatti es uno de los proyectos más significativos por ser el primero llevado a cabo en Estados Unidos. El edificio está destinado a exhibir colecciones temporales de diversa índole artística. Se compone de galerías con formas cúbicas rectangulares dispuestas en distintos volúmenes, Hadid la estructuró en base al concepto que acuñó como “alfombra urbana”, logrando así la continuidad entre la vía pública y la planta baja a través del recurso de las paredes acristaladas. De esta manera se crea una superficie continua que desemboca en un tejido urbano desde el vestíbulo a los pisos de arriba.

Otra obra a mencionar es el Museo de Arte Contemporáneo siglo XXI (MAXXI). Está ubicado en Roma y fue terminado en 2009. Se trata de una construcción que parece irrumpir en una ciudad conocida por la estética clasicista y tradicional de su arquitectura. Sin embargo, Zaha Hadid combinó la idea de tradición de la ciudad que superó y excedió los interiores del edificio, ampliados para abarcar también el espacio exterior  con amplias vistas. El edificio se utiliza como un lugar de investigación y exposición de nuevas expresiones artísticas. Se caracteriza por la mezcla de las superposiciones geométricas y la sinuosidad de las líneas. Los distintos niveles de las formas generan una conversación entre la construcción y el espacio. El recorrido de los interiores lleva a cruzarse y seguir caminos diferente e inesperados. Gracias a este proyecto Zaha Hadid recibió el cuarto premio RIBA y su primer premio Stirling.

De su trabajo en China destaca la Ópera de Guangzhou. La ubicación del proyecto es estratégica en la ciudad, a orillas del río Perla. Es un claro ejemplo en su construcción de la importancia que Zaha Hadid da al lugar: el diseño del edificio hace referencia a las piedras erosionadas e integra el agua con el fin de armonizar la edificación y su entorno. Se inauguró en 2010 y en él se puede asistir a representaciones de ópera,  actuaciones sinfónícas, conciertos y otros eventos de distintas disciplinas artísticas. Se trata de un proyecto con el que se pretende producir la interacción de naturaleza y arquitectura. En cuanto al revestimiento del edificio se utilizan materiales como el acero, el vidrio para dotarle de luminosidad, además de pequeñas luces para la iluminación nocturna y paneles de yeso y hormigón. La construcción de mayor volumen cuenta con un vestíbulo, auditorio, una lounge y una sala de exposiciones mientras que la de menor volumen se destina a sala multiusos. Los interiores se estructuran con techos ondulados y salas iluminadas, ya sea por luz natural o iluminación artificial, dando lugar a espacios y perspectivas diáfanas.

Otro de los grandes proyectos de Zaha Hadid es el Centro Cultural Heydar Aliyev situado en Bakú, capital de Azerbaiyan. La importancia de esta obra radica en el significado que toma para una ciudad caracterizada por la organización urbanística de la Unión Soviética pero que ha cambiado espectacularmente. Este edificio es considerado uno de los más significativos en la transformación de Bakú en una ciudad moderna y avanzada. Tras su independencia de la U.R.S,S el país invirtió gran cantidad de dinero en la modernización del urbanismo y la arquitectura con el objetivo de mirar hacia el futuro. Como resultado, se estrenó en el año 2013 este edificio que refleja el optimismo y el enorme cambio de la nación. Reúne salas de exposiciones, un centro de conferencias, oficinas y un auditorio. La finalidad del proyecto era establecerlo como un lugar central que ocupase la vida cultural de los ciudadanos. En este caso, se aprovecha la irregularidad del terreno para edificarlo y une las geometrías de las inmediaciones con las ondulaciones de la construcción, que parecen salir de la superficie. El complejo se compone de bifurcaciones y pliegues y los interiores son un claro ejemplo de la genuinidad, elegancia y originalidad que distingue a la arquitecta.

Zaha Hadid revolucionó la arquitectura contemporánea y se convirtió en precursora de otras mujeres arquitectas e interioristas, a las que ha dado voz para mostrar su talento. Fue capaz de contar, a través de sus creaciones, la realidad de una nueva sociedad en la que la arquitectura tiene un sentido social y de progreso, además de imaginación, utilidad y belleza. No hay duda de que su fallecimiento en el año 2016 supone una gran pérdida para la arquitectura de nuestro tiempo.